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Entrega número 48
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Miguel Galano: La voz de su silencio (Santos Amestoy)

Miguel Galano: La voz de su silencio

 

Santos Amestoy

 

En el silencio de estos cuadros hay una voz y un tono; suena una opaca tonalidad. Y la tendencia a la monocroma de grave y crepuscular tesitura, de bruma y luz norteñas, parece asordinarse y apagarse en cálido beneficio del matiz más apurado, de las tenues y exactas epifanías del color o de la intensa y tibia levedad de algún destello o cántico. Es una voz de rumor interior: Como advertía de sí mismo Samuel Beckett, en la pintura silente de Miguel Galano también se oye decir: . La diferencia está –preciso es señalarlo- en que los textos del solitario irlandés construyen el silencio sobre inmundicias, desencarnaduras y escatologías -ambas- y a la vez sobre asuntos y discursos de la mayor envergadura y complicación. Por el contrario, lo que el pintor asturiano ha traído a esta exposición madrileña no es otra cosa que un puñado de paisajes y algún interior... Y sin embargo, las coincidencias entre ambos silenciosos no acabarán ahí –he de volver sobre ello-, más allá del dolor (como el de la pintura del fronterizo Zoran Music, que es de la misma estirpe).

 

Más que paisajes, motivos. De la cotidianeidad existencial más inmediata, unos: otros, de mayor abstracción y universalidad. La inmensidad de lo absoluto es la línea del horizonte que parte en dos mitades abstractas una marina limpia como las de Luis Fernández, pero grave como la opacidad silenciosa de las texturas tan características (el esgrafiado intencional de la pincelada, la mancha de la tinta...) de este pintor que titula Paisaje la visión en el campo de una tapia de piedra, cuya aspereza iconográfica y gestual es de levísima e inmaterial resolución pictórica...

 

Como en Beckett, como en Music (de cuya pintura no es tributaria, sino consanguínea, la melancólica pintura de Miguel Galano), el silencio, los silencios no suenan en el vacío. A su manera, hablan de la reductio moderna. En virtud de su lógica reductiva, hay que decir menos de lo que hay que decir, lo cual produce una admirable elocuencia a la inversa. Y la abundancia de sentido en esa voz de su silencio. Como el citado Music, como el retrato velazqueño de Felipe IV viejo (tal Molloy, tan Mallone muere, tan beckettiano) que conserva el Museo del Prado, en raras ocasiones la pintura, que es lo contrario de una representación (la foucaultina, que es otra cosa y que tanto ha confundido a los como representantes o delegados de sí mismos), se transmuta en verdad. Pintura verdadera. Pintor excepcional, Miguel Galano.

 Santos Amestoy

 

  Miguel Galano. Galería Utopía Parkway, Madrid.

ABC Cultural, nº 573, Madrid, 18 de enero de 2003

 

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