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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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Ars Citerior

Antonio Alcazar (por Rafael del Pino)

Antonio Alcazar

 

Rafael del Pino

 

                                                      I

 

Hay quien mira y con su mirar participa ya de lo inédito, reintegrando la experiencia al asombro de un origen. Ese que así mira es un poeta, alguien capaz de balbucear lo sagrado e incapaz de asegurar si se halla ante un árbol o ante un dios. Poetas así han tenido y tienen nombre y apellido para la memoria de los hombres, otros nos son ignorados; unos lo han atestiguado con una obra, otros con su vida entre sus semejantes; han sido y pueden ser escritores, músicos, pintores..., pero también quien quedó inhabilitado por un extrañamiento, por un estupor.

 

                                                      II

 

Pintar, como todo hacer, debe ser un acto de fe, una afirmación. Para el artista la pintura debe ser, según lo expresó Mark Rothko en 1947, “una revelación, una inesperada resolución sin precedentes de una necesidad eternamente familiar”. Pero algo aquí aparenta una paradoja: la fe, la creencia, lo son a pesar de la vida, o al menos a pesar de la historia. El artista, el poeta, lo puede advertir: “Os veda el puro silencio / el torrente de la sangre”, escribió García Lorca. Algo como una abdicación, como una enajenación pueden resultar inevitables para atender ese “no sé qué” con que el mundo intenta nombrarse a través de sus mensajeros, de sus enviados: de quienes son poeta.

 

                                                      III

 

Lo que nos acerca un cuadro de Antonio Alcázar es pintura, y no otra cosa; esto es, una llave, un umbral, del Templo que toda vida debe atestiguar y del que nosotros, mientras vivos, sólo llegamos a ver una piedra, un bloque -encendido por el poniente- de entre los innumerables que lo forman.

 

Rafael del Pino.

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Antonio Alcazar (por Gustavo Torner)

Antonio Alcazar

(por Gustavo Torner)

 

Hablar o escribir sobre arte es casi imposible. Desde la prehistoria hasta nuestros días se han estado fabricando eso que llamamos obras de arte con bastante excelencia; de vez en cuando, aunque desde el principio, con excelsitud. Pero solamente desde hace muy poco tiempo, pocos cientos de años, somos conscientes de esa cualidad, el arte, que hace que una realización humana se convierta en una obra de arte. No sabemos lo que el arte es, ni podemos definirlo, pero si somos conscientes de él cuando estamos en su presencia, aunque no tiene que ver con una determinada habilidad manual o técnica, imprescindible para la realización de un objeto que primariamente es físico.

Algunos artistas, con sus obras, además de aportarnos ese regalo del arte en la obra de arte, quieren contarnos otras cosas, como recordar, o imaginar, una puesta de sol. O también opinar sobre esa puesta de sol. O comunicar determinados pensamientos, o sentimientos, imposibles de conseguirlo con palabras.

Al espectador, o auditor, solo le queda mantenerse atento a esa presencia, sin perjuicios. Abandonarse a esas corrientes que desprende esa obra de arte, que si lo es de verdad, nunca nos defraudará, aunque a veces ese diálogo con ciertas obras de arte es más difícil que con otras.

Quizás Antonio Alcázar quiere decirnos algo profundo, íntimo, sin gritar, y por ello sea mas difícil de escuchar.

Pongamos entonces mucha atención.

Gustavo Torner

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Antonio Alcazar (por Manuel Romero)

TEXTOS SOBRE LA OBRA DE ANTONIO ALCÁZAR

 

LA PIEL GEOLÓGICA QUE OFRECEN LAS MONTAÑAS, LAS RUGOSIDADES ARENOSAS QUE DELIMITAN EL MAR, EL INTENSO DESIERTO EN SU COMPLICIDAD CON EL HORIZONTE, Y EL VIENTO, EL CIELO, LA NOCHE... TODO ELLO SE CONVIERTE EN NATURALEZA TRASCENDIDA EN LOS TRABAJOS DE ANTONIO ALCÁZAR.

NO SIN REFLEXIÓN, DESPUÉS DE LA EMOCIÓN PRIMERA, SU CAPACIDAD CONTEMPLATIVA NOS VA A SITUAR EN UN TERRITORIO NETAMENTE METAFÍSICO, DESDE ESTE SINGULAR ESPACIO SOMOS INVITADOS AL GOZOSO EJERCICIO DE INTERIORIZAR EL SILENCIO, LAS LUCES Y PENUMBRAS DEL, OTOÑO, LAS INTENSIDADES SOLARES, LAS NUBES COMO PRESAGIO DE MUERTE. OBRA DE GEOLÓGICOS PERFILES, DE CÓSMICAS SONORIDADES, OBRA DESDE DONDE SE NOS RECLAMA LA ARDUA TAREA DE DEFINIR NUESTRA POSICIÓN EN EL MUNDO. SEVERO Y HERMOSO EJERCICIO ÉSTE, CUANDO SE EJERCE CON LA SENCILLEZ Y ROTUNDIDAD QUE EXHALAN LAS PINTURAS DE ANTONIO ALCÁZAR.

Manuel Romero. Comisario de exposiciones.

 

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