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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
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 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
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Ars Citerior

Abel Martín: "Musical"

Abel Martín: "Musical"

En 1970 Abel Martín realiza la carpeta de 6 Serigrafías Musical, bajo programación de J.E. Arrechea.Textos de Enrique Delgado y partituras de Ramón Barce, Claudio Prieto, Agustín González, Francisco Estévez, Francisco Cano y Carlos Cruz de  Castro

La carpeta Musical esta basada en dibujos de haces de curvas diseñadas por Eduardo Arrechea catedrático de cálculo de la Escuela de Ingenieros de Caminos cuando ocupaba el puesto de Director del Centro de Cálculo del Ministerio de Obras Públicas. Las serigrafías junto con los textos formaron un libro. Uno de los ejemplares lo adquirió Fernándo Zóbel y fue mostrado en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

Posteriormente a la realización del libro se hizo la primera exposición de de arte cibernético en Madrid en la Galería de Arte Eurocasa en la calle Claudio Coello, en esta galería se expusieron obras de Sempere, de los escultores Amador de los Ríos , de Lorenzo Frechilla, serigrafias de Barbadillo, y las serigrafias del libro fueron expuestas colocando cada serigrafía junto con la partitura correspondiente y se interpretaban como música de fondo las partituras expuestas, fue todo un acontecimiento para la época.

 

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Agradecemos a  Enrique Delgado la información facilitada.

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Abel Martín. Extracto Tesis Doctoral

Abel Martín. Extracto Tesis Doctoral

 

El grabado en Zaragoza durante el siglo XX.

Mª Belén Bueno Petisme

Tesis de la Universidad de Zaragoza. Historia del Arte. 2012. pp. 308 a 318.

 

Otro artista de origen aragonés que también desarrolló su trabajo fuera de nuestras tierras y que se dedicó, fundamentalmente, a la estampación es Abel Martín Calvo (Mosqueruela, Teruel, 1931-Madrid, 1993). Debemos definir a este hombre como serígrafo, ya que de acuerdo a esta técnica realizó obras propias y también estampó los trabajos de otros artistas, especialmente los de Eusebio Sempere. Su infancia transcurrió entre el pueblo turolense que le había visto nacer y la localidad de Alcora, en Castellón. Tras asistir al colegio y terminar el bachillerato ayudó en el trabajo familiar dedicado al transporte de maderas hasta que se vio obligado a cumplir el servicio militar a los 21 años de edad. Tras ello se trasladó a la casa familiar en Castellón. Tras trabajar como chófer de camiones y como soldador viajó a París, en 1958, donde se encontraba uno de sus hermanos, buscando nuevas actividades, ya que sus inquietudes no se veían satisfechas con los trabajos aquí realizados. En la capital francesa conocería, entre otros, a Eusebio Sempere, con el que formó un tándem artístico hasta el final, ya que tras realizar varios trabajos en algunas fábricas de París comenzaría sus contactos con la serigrafía en el estudio de Sempere. Éste, pensando en dejar esa actividad, encontró en Abel Martín a un perfecto continuador que aprendió el oficio y lo practicó con tesón. Al igual que hiciera Sempere profundizó Abel Martín en el conocimiento de la serigrafía en el taller del pintor cubano Wifredo Arcay, que había comenzado a funcionar en París allá por el año 1950, después de que él llegara a la ciudad aproximadamente un año antes[1]. Sobre estas cuestiones podemos leer extractos como el siguiente, en el que el propio Sempere es el narrador:

―Aprendí la técnica de la serigrafía en París hacia el año 1955 en el taller de Wifredo Arcay, quien, llegado de Cuba, trabajaba para la Galerie Denise René en carpetas de Arp, Vasarely, Mortensen, Bloc, Mondrian, etc.

El aprendizaje de la serigrafía es, como todos los oficios, lento y sobre todo cuajado de pequeños secretos que hacen que los resultados sean óptimos. Actualmente, la confección de clichés está más mecanizada con el sistema fotográfico. Sin embargo, yo siempre hice las pantallas recortadas a mano porque me pareció que el resultado dependía más de mi voluntad. Pasé en París varios años trabajando para una casa comercial de confección de tarjetas de felicitación, que aunque no era un trabajo de creación me enseñó a resolver problemas de transparencias, pureza de líneas o conveniencias de temperatura para imprimir. Cuando decidí regresar a España en 1960, colaboré con Abel Martín –maestro en la técnica– en trabajos para Lucio Muñoz, Millares, Saura, Vedova, etc., hasta que por fin decidí hacer mis propias serigrafías. El primer álbum salido de mis manos fue el de las Cuatro Estaciones. Así he continuado hasta ahora en carpetas sucesivas, trabajando en mi propio taller, porque no creo en interpretaciones de otros técnicos. […] Las impresiones las hace siempre Abel Martín. Yo hago cada color y consultamos antes de cada tirada todos los problemas para llegar alresultado que yo deseo[2]. Por lo tanto, Martín y Sempere se trasladaron de París a Madrid en 1960 e instalaron allí su vida y su actividad artística. Tras la muerte de Sempere en abril de1985, Abel Martín fue nombrado responsable de su legado, según constaba en el testamento[3]. Por tanto su vida y su carrera estarían unidas, y se desarrollaron siempre fuera del ámbito aragonés, pero es importante al menos sentar en este estudio una posible vía de investigación a desarrollar sobre la figura de Abel Martín, por encima de su origen aragonés, ya que además de realizar trabajos para otros artistas de talla incluso internacional, como Andrés Bloc o Vasarely, realizó también trabajos propios. Además de los artistas mencionados estampó obra de otros como César Manrique, Gustavo Torner, José Guerrero, Fernando Zóbel o Antonio Saura[4]. Él siempre sintió que era un artesano, jamás quiso que le llamaran artista, consideraba que lo que hacía era un oficio, nada más:

―Sólo eso. ¿Para qué habría de añadir algo que no dejaría de ser literatura? Sé mi oficio. Detrás no hay nada. Si alguien lo dice no es verdad. ¿Intuición, creación, arte en mi oficio? Me ajusto. Un original, bueno o malo, y ya está todo. La serigrafía es ese original. No puede ser ni mejor ni peor. Es el mismo. Bueno o malo. Nada depende de mí. Lo recibo y lo transcribo. No hay ningún mérito aparte de ese oficio. Podría buscarse. Otros lo hacen[5].

 

En lo que se refiere a sus creaciones propias podemos decir que tras las dificultades previas después de su llegada a Madrid, hacia 1963 consiguió Abel Martín un trabajo que consistía en la realización de serigrafías para decorados de cine. Tras esto realizaría alguna estampa suelta y varias carpetas, entre las que se encuentran tres, de inspiración matemática y musical[6]. Así, en 1968 realizaría la carpeta de 5 serigrafías titulada Metempsicosis, estampada sobre papel negro y con textos de Tomás Marco [figs. 102-106]. En ella reúne la influencia de la matemática a través de los ritmos, la presencia de las formas geométricas, el trabajo con el color sobre fondos oscuros y la relación con el lenguaje, la psicología y la filosofía, pues los textos incluyen juegos de palabras y definiciones sobre los términos que dan título a cada una de las estampas y que son,  En 1971 realizó la segunda de las carpetas, bajo el título de Musical, y de nuevo estaba basada en la composición digital [figs. 107-112]. En la justificación de tirada de la misma podemos leer:

―De esta carpeta –cuya edición se ha realizado con la ayuda de la Fundación Juan March- que contiene seis serigrafías realizadas por Abel Martín, de dibujos programados de J. E. Arrechea, texto de Enrique Delgado y partituras de Ramón Barce, Claudio Prieto, Agustín González, Francisco Estévez, Francisco Cano y Carlos Cruz de Castro, se ha hecho una tirada limitada de cincuenta ejemplares numerados y se acabó de imprimir el día 3 de enero de 1971, en Artes Gráficas Luis Pérez, San Bernardo 82, Madrid.”

Además, en la misma carpeta encontramos un análisis sobre las serigrafías que contiene en el texto de Enrique Delgado que acompaña al conjunto y en el que leemos:

―Cada generación tiene su mentalidad y su postura ante la vida, la nuestra es de avanzadilla, esto implica evolución, cambio, investigación. Este libro es consecuencia de dicha postura.

 

abel martin. metempsicosis.serigrafia

 

abel martin. metempsicosis.serigrafia

 

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La muestra de serigrafías aquí presentadas está dentro de lo que hoy se denomina ARTE CIBERNÉTICO utilizando como medio expresivo de un problema con un planteamiento puramente matemático un computador IBM 1620.

La utilización de las computadoras y su aplicación al campo de las artes, es una fuente de sorpresas, tanto por la belleza de las soluciones obtenidas como por la ayuda inapreciable que supone para el artista, ayudándole a resolver problemas y aportando nuevas soluciones que enriquecen el arte.

Se trata de utilizar la computadora como herramienta de cálculo y trabajo al servicio del arte investigando nuevas formas de expresión, que permitan abrir nuevos caminos a las artes.

Esta tarea no es fácil, pues supone ante todo, un cambio de mentalidad en la concepción del arte, e implica la colaboración entre científicos y artistas desbancando la idea del genio creador, e implantando el trabajo en equipo. El saber utilizar el nuevo camino que el arte tiene planteado ante sí utilizando los elementos que nuestra civilización nos brinde puede ser el primer paso para sacar a las artes del inmovilismo en que se han mantenido con relación a las ciencias dándoles un mayor dinamismo y atemperándolas a la época en la cual se producen.

                                                                                                     Madrid, Septiembre 1970[7]

 

Todavía en 1972 realizó la tercera carpeta que se le puede atribuir con 6 serigrafías y con un cuento de Florentino Briones. [figs. 113-118] Todas estas serigrafías de creación de Abel Martín pueden estudiarse dentro de los parámetros del arte óptico, paralelos por tanto a trabajos de otros como Vasarely[8], para el que también pudo trabajar como decimos, y llaman la atención por el valor que atribuyen a la geometría, al ritmo, a la matemática y al color, generalmente plano y medido[9]. Son importantes también por las relaciones que presentan con lo que entonces era un incipiente diseño gráfico por ordenador, pues algunos de los trabajos se basan en composiciones matemáticas de computadoras de la época, ya que por esas fechas Abel Martín asistiría al Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, donde asistió al Seminario de análisis y generación automática de formas plásticas[10]. En ese contexto entendemos las serigrafías de la carpeta, que podría recibir el título de Redes, acompañada por un cuento de Briones en el que se detallan estas cuestiones y se definen las obras con los siguientes términos:

―Las seis redes en que se basaban las serigrafías eran pleremáticas, es decir, tales que su ley de formación era capaz de cubrir homogéneamente todo el plan.

Las cuatro primeras eran monomorfas, con mallas triangulares, rectangulares, pentagonales y hexagonales, respectivamente.

La quinta bimorfa, estaba constituida por pentágonos y rombos.

Las mallas de la sexta, también bimorfa, eran triángulos curvos de dos tipos diferentes[11].

 

Desde ese momento, en la década de los años setenta, su labor se centró en la estampación de obra ajena, de los artistas ya mencionados, y especialmente en su tarea como impresor de la obra de Sempere. Tras su muerte en 1985 y como responsable de su legado, desde entonces y hasta su propia desaparición, que tuvo lugar en trágicas circunstancias en agosto de 1993[12], Abel Martín se dedicó enteramente a la difusión de la obra de Sempere. Sin embargo estamos ante un convencido representante del arte abstracto, muy interesado por las nuevas posibilidades de la gráfica, como vemos en sus trabajos, que de alguna manera debe ser considerado en la base del arte digital actual y que, como decimos, sería interesante conocer en profundidad en un estudio próximo.

Agradecemos la autorización Mª Belén Bueno Petisme para reproducir el texto sobre la obra del serígrafo Abel Martín.



[1] Podemos consultar datos biográficos sobre Abel Martín, por ejemplo, en Fernando Silió, Sempere. Obra gráfica. Catálogo razonado, Madrid, Fernando Silió, 1982.

[2] Clemente Barrena, ―La estampa moderna. Evolución de la imagen impresa desde la talla dulce a la serigrafía, en Óscar Esplá y Eusebio Sempere en la construcción de la modernidad artística: un paradigma comparatista, Madrid, Verbum, 2005, vol. 2, pp. 27-62, cita extraída de p. 62.

[3] Pablo Ramírez, ―Sempere veinte años después, en Óscar Esplá y Eusebio Sempere en la  construcción de la modernidad artística: un paradigma comparatista, op. cit., 2005, vol. 2, pp. 11-26, especialmente p.23.

[4] Del carácter vanguardista de Abel Martín en relación con la serigrafía se habla, por ejemplo, en Hortensia Mínguez García, ―La gráfica española de vanguardia en la época franquista (1939-1975), en El artista: revista de investigaciones en música y artes plásticas, Pamplona (Colombia), Marta Lucía Barriga Monroy, Universidad de Pamplona, nº 7, 2010, pp. 179-201, especialmente p. 188, donde se dice que, junto a Sempere ―lideró la introducción de la técnica de la serigrafía en España. También podemos consultar María del Carmen García-Margallo Marfil, ―A modo de introducción, en Donaciones de obra gráfica a la Biblioteca Nacional, 1989-1992, op. cit., 1994, p. 13.

[5] ―Abel Martín: la serigrafía, sólo oficio, en Guadalimar, Año 2, nº 17, 10 de noviembre de 1976, pp.62-63. En este mismo artículo y en intervenciones de Eusebio Sempere se hace hincapié en la humildad de Abel Martín y en su capacidad técnica pero también creativa, en lo que se refiere a la elección de los colores, la composición y la capacidad de traducción de unos soportes a otros. Se incluyen también interesantes reflexiones del propio Abel Martín en las que da su opinión sobre la democratización del arte que supone la serigrafía y cómo considera que el arte lo es por encima de la técnica, por encima del medio y que el hecho de que alguien acceda a una serigrafía no lo hace acceder al arte si esta no es lo suficientemente buena como para ser definida como tal.

[6] Estos datos pueden consultarse también en Fernando Silió, Sempere. Obra gráfica. Catálogo razonado, op. cit., 1982.

[7] Una copia de esta carpeta se conserva en los fondos de arte gráfico del Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, donde pudimos consultarla gracias a la ayuda del conservador de esa sección, D. Óscar Muñoz, en el mes de julio de 2009. La obra Luciérnaga de esta carpeta se encuentra también dentro de la colección de Obra Gráfica Contemporánea de Román Escolano, donada al Gobierno de Aragón en los años noventa, y pudo verse en la exposición Colección Escolano. De Picasso a Gordillo, Zaragoza, Museo Pablo Serrano, Gobierno de Aragón, 2002, pp. 68 y 69. En páginas anteriores se reproducen las obras de Las cuatro estaciones de Sempere, estampadas por el propio Abel Martín.

[8] Podemos considerar a Vasarely como uno de los precursores de las investigaciones relacionadas con el arte óptico y cinético. Para valorar también la trascendencia del trabajo de Abel Martín que se fecha en los años finales de la década de los sesenta y en los primeros años setenta podemos comprobar cómo en 1965 el Museo de Arte Moderno de Nueva York había reconocido la importancia del arte óptico a través de una exposición en la que se encontraban obras de Vasarely), entre otros (The Responsive eye, Nueva York, Museo de Arte Moderno, 1965), y cómo sería en 1967 cuando ya en Europa, en el Museo de Arte Moderno de París, se presentó la primera gran exposición oficial de arte cinético en el viejo continente, tras las actividades llevadas a cabo en la Galería de Denise René en París durante los años cincuenta (Luz y movimiento, París, Museo de Arte Moderno, 1967). Estos datos aparecen en Fernando Díez Prieto (Coms.), Las tendencias de Arte Contemporáneo en la Colección de Arte 10. 10 Maestros españoles en obra gráfica, Madrid, Colecciones de Arte 10, 2001, p. 87.

[9] Encontramos también relación entre su trabajo y el de las serigrafías de otros artistas como Hugo Demarco y Waldo Balart, de quienes se conserva obra de los años setenta en la Colección Escolano, donada al Gobierno de Aragón en los años noventa. Ver Colección Escolano. Una ventana al exterior, [Museo de Albarracín (Teruel), de septiembre a diciembre de 2005], Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2005, pp. 42-45.

[10] El Centro se había creado en 1966 y su primer director fue, precisamente, Florentino Briones, autor del cuento que acompaña a las serigrafías de la carpeta realizada por Abel Martín en 1972. Durante las fechas en las que asistió este artista el Centro publicaría de forma periódica el Boletín del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Existe una tesis doctoral que estudia en profundidad la historia del Centro. Ver Enrique Castaños Alés, Los orígenes del arte cibernético en España: el seminario de Generación Automática de Formas Plásticas del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (1968-1973), Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000.

[11]El cuento se titula “El coleccionista”. La carpeta tuvo una edición de treinta ejemplares y se terminó de imprimir, según consta en la misma, el 13 de junio de 1972 en los talleres de Artes Gráficas Luis Pérez. El cuento trata sobre un robo de la obra gráfica de Abel Martín, concretamente de una de las dos únicas copias que de esta misma carpeta se conservan en un hipotético futuro, y sucede en un chalet a las afueras de la ciudad. No podemos dejar de encontrar una caprichosa coincidencia entre este trabajo y las trágicas circunstancias en las que falleció el artista. De esta carpeta encontramos copia en la Biblioteca Nacional de Madrid con el registro ER/5531.

[12]Abel Martín fue encontrado muerto en su casa un 6 de agosto de 1993 con signos de violencia. Se había producido un robo en su casa y varias piezas artísticas de gran valor fueron sustraídas. Los cuadros robados se encontraron años después pero los sospechosos fueron absueltos por falta de pruebas. Para más detalles ver Lorenzo Silva, Líneas de sombras. Historias de criminales y policías, Barcelona, Imago Mundi, 2005. La noticia de la muerte se recogió en prensa: ―El pintor Abel Martín muere en su casa de Madrid de un tiro en la frente, El País, Madrid, 8 de agosto de 1993.

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Abel Martin: diecisiete años de injusticias. Biografia de una injusticia

ABEL MARTÍN: DIECISIETE AÑOS DE INJUSTICIAS.

(Texto publicado en el diario "Información" de Alicante , sábado 7 de agosto 2010)

Javier Martín

agosto 2010

 

Cuando un ser amado muere, somos nosotros los que no estamos vivos para él, pues él no puede pensarnos. Pero nosotros le podemos pensar y él esta vivo para nosotros”. (Luigi Pirandello)

 

Cuando van a cumplirse diecisiete años de la muerte de Abel Martín, todavía siguen habiendo muchas injusticias hacia este artista serígrafo.

 El día   6 de agosto de 1993 encontraban muerto a Abel Martín en la casa del Plantío de Madrid, donde había vivido junto con Eusebio Sempere y también tras el  fallecimiento de este último. Era un chalet legado a Abel por designio de Sempere, una vivienda que ya sirvió durante muchos años como taller de estampación de la obra gráfica semperiana, en una colaboración sin precedentes entre artista y artesano (así le gustaba a Abel llamarse, pues para él la estampación era sólo oficio). Tras el fallecimiento de Eusebio Sempere en 1985, este chalet también se había convertido en el lugar donde Abel guardaba las esculturas de su buen amigo, que prestaba para diferentes exposiciones. A partir de 1985 fue el albacea y conservador de la obra semperiana, intentándola divulgar en la medida que le era posible.

La memoria ha sido injusta con Abel Martín. El año pasado quedaban absueltos los dos únicos sospechosos del asesinato perpetrado hacia ya tantos años. Con un juicio que apenas duró dos días, la justicia liquidó para siempre el caso que contaba con mas de dos mil folios en el sumario, con informes y pruebas recopiladas por los agentes policiales, principalmente por el único que había seguido desde un principio el proceso, el agente Joaquín Palacios, a quien la defensa intentó en todo momento desacreditar, dando a entender a su Señoría el interés que dicho agente había puesto en dicho proceso, ¡más allá de lo razonable!?.

En este aspecto y tras los últimos recursos sabemos que un crimen quedará impune para siempre, aunque sólo sea por prescripción de los años transcurridos por dicho delito.

Por si este aspecto injusto no fuera poco, también existen aquellas personas que no solo no quieren reconocer la labor de equipo que existió entre Sempere y Martín, tanto en la serigrafías como en la resolución de las esculturas sobre todo a partir de 1980 cuando en Sempere empiezan a aparecer los primeros síntomas de esclerosis, sino que estos “conocidos“ incluso le acusan de haber sobrepasado los límites legales en la difusión de la obra semperiana.

Abel Martín podría haberse aplicado a sí mismo el conocido verso con que Antonio Machado se definía en su conocido autorretrato:”Soy en el buen sentido de la palabra, bueno”. Y aunque él no lo dijese, cualquiera de los que le conocimos, no dudaría en afirmarlo.

 Pero la memoria de Abel también va desapareciendo, al pertenecer a una generación  en la que muchos amigos ya han dejado de estar con nosotros, como Gerardo Rueda, José Mª Iglesias, Eduardo Chillida, José Guerrero, Manuel Mompó, José Luis Gómez Perales, Antonio Lorenzo, Manuel Barbadillo, Salvador Victoria, Joaquín Vaquero, Fernando Almela, Albert Ràfols-Casamada, Joan Hernández Pijuan, José Vento… Con la muerte de ellos también va desapareciendo el recuerdo de las personas que les rodearon.

Realmente alguien muere cuando ya nadie le recuerda.

 

Javier B. Martín

Julio 2010

 

 

 

EXPOSICIONES  MONTADAS POR ABEL MARTIN

 

Relación de exposiciones comisariadas por Abel, desde el fallecimiento de Sempere (1985-1993) o en las que colaboró en el montaje o cediendo obra para su realización, con el fin de seguir divulgando la obra de Eusebio Sempere.

 

Exposiciones individuales

1985

Eusebio Sempere 1953-1960, Interarte´85, stand de la Generalitat Valenciana, Valencia.

Sempere. Obra gráfica 1946-1982, Banco de Bilbao, Bilbao.

Homenatge a Sempere. Centro Municipal de Cultura, Alcoy.

 

1986

Sempere en el recuerdo, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, Alicante.

Sempere. Obra gráfica, Galería Estampa, Madrid; Caja Madrid; Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, Benidorm; Ayuntamiento de Onil.

 

1987

Sempere. Escultura y obra gráfica, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, Alicante.

 

1988

Sempere, Galería Fernando Silió, Santander.

 

1989

Sempere. Obra gráfica, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Alicante.

Eusebio Sempere. Gouaches, serigrafías, litografías, Galería Tórculo, Madrid.

 

1992

E. Sempere 1923-1985, Museo Barjola, Gijón.

 

1993

Obra gráfica, Fundación Cultural de la Caja de Ahorros del Mediterráneo.

Eusebio Sempere 1923-1985, Casa das Artes, Vigo.

 

Exposiciones colectivas

1985

Propuestas objetivas, Galería Fernando Vijande, Madrid.

Panorama de la escultura actual, Caja de Ahorros de Asturias.

La vanguardia española contemporánea, Auditorio Manuel de Falla, Granada.

 

1986

Arte español en Nueva York 1950-1970, Fundación Juan March, Madrid.

 

1987

Naturalezas españolas (1940-1987), Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Cinco siglos de arte español, Musée d´Art Moderne de la Ville de Paris, París.

Art-Sud. Mostra itinerant, Caixa d´Estalvis Provincial d´Alacant.

 

1988

El siglo de Picasso, Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Homenaje a Sempere, Galería Brita Prinz, Madrid.

Aspectos de una década: pintura española 1955-1965, Sala de exposiciones de la Fundación Caja de Pensiones, Madrid.

Ginestar-Sempere. Esculturas, Palacio Gravina de la Diputación de Alicante, Alicante

 

1989

Arte geométrico en España, 1957-1989, Centro Cultural de la Villa de Madrid.

Exposición antológica décimo aniversario, galería Tórculo, Madrid.

 

1990

Madrid. El arte de los 60. Sala de Exposiciones de la Comunidad de Madrid, Madrid.

Colección de arte contemporáneo de Patrimonio Nacional, Palma de Mallorca, Palau Solleric.

 

1991

Del Surrealismo al Informalismo. Arte de los años 50 en Madrid, Madrid.

 

1992

Entre los ochenta y los noventa, Pabellón  Valenciano de la EXPO’92, Sevilla.

 

1993

Colección de Arte Contemporáneo Fundación “La Caixa”, Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela.

 

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Abel Martín (por Fernando Silió)

Fernando Silió ."Sempere. Obra Gráfica". 1982

Este trabajo quedaría incompleto y sería un olvido imperdonable por mi parte, si no incluyera en él unas páginas dedicadas a Abel Martín, inseparable compañero de fatigas de Eusebio Sempere desde que se conocieron en París en 1958. Abel, "Maño" como cariñosamente le llama Eusebio, es un formidable representante de las virtudes que adornan al pueblo aragonés, la nobleza y generosidad de su espíritu aflora en todas sus reacciones.

Consumado dominador de su arte, es un hombre que en su trabajo nunca falla. Conociendo sus ideas claras y su saber hacer además de su tesón y fuerza de voluntad, a nadie extraña que haya alcanzado tan altas cimas.

Eusebio Sempere es su gran amigo y su gran maestro. Su compenetración, tanto en la vida privada como en el trabajo, es perfecta. Viven juntos desde hace 23 años y la armonía que disfrutan, en gran parte, se debe a la lealtad que saben guardarse para sí mismos. Cada uno respeta, como un fuego sagrado, la independencia y la intimidad del otro. Esta agradable convivencia les predispone a que se encuentren siempre en excelente disposición creadora, y los que tenemos la suerte de conocerles a fondo podemos aventurar que sin esta unión, sin esta comunicación espiritual y colaboración artística conjunta, muy posiblemente la obra gráfica de Sempere, contemplada en su totalidad, no habría adquirido la importancia que tiene.

Sempere es el cerebro. Para la realización de las serigrafías no parte de boceto previo, únicamente para las que hizo sobre tela y para tres de las 4 realizadas para el Banco Comercial Español. Para estas últimas pintó primero tres de ellos en formato pequeño y posteriormente, ya hechas las serigrafías, hizo 4 gouaches de 65 x 50 cm. en los que introdujo una pequeña variación de los colores originales. El proceso para la realización de las serigrafías es directo, mentalmente Sempere va elaborando formas y colores que Abel plasma en la cartulina. Así va formándose poco a poco la serigrafía y entre color y color ambos artistas intercambian impresiones sobre los resultados que van obteniendo y las posibles modificaciones de formas o colores que conviene realizar, hasta conseguir dar con el resultado deseado.

El número de colores que se emplean varía mucho, oscilando normalmente entre quince y veinticinco, pero a veces han llegado a utilizar cerca de cuarenta. En otros casos, realizan las serigrafías a un solo color, sin gradaciones.

Abel, con los consejos que a lo largo de los muchos años que llevan trabajando juntos ha recibido de Sempere, ha llegado a dominar, sin problemas, los secretos técnicos de la serigrafía, convirtiéndose en un consumado maestro de este arte.

En diversas ocasiones les he visto preparar juntos pruebas de formas y colores; Sempere en su afán de que las cosas salgan perfectas es muy exigente y meticuloso y hasta que no las ve tal y como él las ha pensado, la prueba se repite cuantas veces haga falta. Pero Abel no suele crearle dificultades, muchas veces su natural predisposición allana el camino del maestro y normalmente los trabajos obtienen las máximas calidades.

Centrándonos en la vida de Abel Martín, hemos de añadir que nació en Mosqueruela el 3 de enero de 1931. Mosqueruela es un pequeño pueblo de la provincia de Teruel. Está situada en plena sierra de Montenegros, lindando con la provincia de Castellón. Su clima es variado. En invierno la nieve lo cubre todo y en esos meses es frecuente que el pueblo quede incomunicado. El resto del año goza de un clima mucho más amable.

En este rincón de la provincia turolense los padres de Abel, Joaquín MartínDelfina Calvo, tuvieron seis hijos, Abel es el tercero y en la actualidad viven cuatro.

La familia aunque sin lujos, gozó de una situación económica desahogada. En un principio tenían una tienda de ultramarinos, negocio que dejó el padre por el de tratante de caballos.  Esta actividad no la abandonó hasta que su prole fue creciendo, y cuando ya fueron mayores se dedicó a la compra-venta de maderas, negocio en el que trabajó hasta los años que siguieron a la guerra civil.  Este trabajo que le proporcionaba un holgado bienestar, tuvo que dejarlo a causa de los "maquis", que comenzaron a exigirle dinero y colaboración. Era una de las personas representativas del pueblo y ante el peligro que suponía caer en ese juego vendió sus camiones e instalaciones y se dedicó a la explotación de las tierras que tenia por el pueblo, evitando así el peligro de encontrarse con los "maquis" cuando iba al monte a talar árboles.

Los primeros recuerdos que tiene Abel de su infancia corresponden a la guerra civil española. El valle donde se asienta Mosqueruela y el resto de la zona fue centro de operaciones; se desarrollaron algunas batallas y todos los habitantes de la comarca  conocieron los horrores de la contienda.

Abel creció con el sentido belicoso de casi todos los niños de entonces. Esos niños fueron felices porque crecieron un poco salvajes y Abel no fue la excepción. Veía  tanques y se subía a ellos, jugaba con las armas de fuego, hacía colección de cascos de guerra y en los campos recogía las balas y bombas abandonadas.  El y su pandilla formaban hogueras y allí echaban las balas y las bombas de mano para que explotaran.  Abel era uno de los que más se distinguía y llegó a ser un consumado artificiero.

Los estudios los inició en la escuela pública del pueblo, pero el padre, para evitar los riesgos de la guerra, se fue con sus hijos a Alcora y allí pasaban los inviernos. Al llegar la primavera sus padres y el hermano mayor tornaban a Mosqueruela, mientras los dos pequeños, Abel y Florencio, se quedaban en el pueblo castellonense al cuidado de su hermana.

En Alcora, Abel continuó los estudios en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y recuerda con pavor la educación que allí les daban. Gran parte del día la dedicaban a la oración, a ir a misa y a la meditación, actividades que a Abel, como a otros tantos niños, le aburría sobremanera. Además, aquella enseñanza basada en la religión encerraba algo siniestro. A los niños les inculcaban de tal manera el temor de Dios y los horrores del fuego eterno del Infierno, que Abel lloraba con frecuencia, y recuerda que siempre pedía a la Virgen y al Niño Jesús que le ayudasen a ser mejor, pues la espantosa amenaza del castigo de Dios le tenía realmente aterrorizado.

Pedagogía tan contraproducente la sufríamos muchos niños españoles de entonces, y si Abel no se crió traumatizado fue gracias a que su forma de ser, le permitía que al salir del colegio se olvidase de lo que decían los profesores y volviese a sus travesuras, portándose como un niño normal y corriente.

Como estudiante era del montón, tirando a aplicado, y para entender lo mucho de Sancho Panza que tenían los frailes de entonces, cuenta la anécdota:

 


"En cierta ocasión y como premio a los alumnos que habíamos sacado mejores notas, nos llevaron de excursión al Monasterio de Piedra, acompañándonos uno de los profesores; al llegar a los criaderos de truchas, el Hermano improvisó una caña de pescar, ató un trozo de pan duro a una cuerda y se lo echó a las truchas, con tal fortuna que picó una de las gordas. La trucha desapareció rápidamente entre la negra sotana del religioso y, por la noche, mientras el profesor y la dueña de la fonda se comían tranquilamente el sabroso salmónido, el fraile presentó a los chicos como responsables de la pesca, y entre bocado y bocado decía que por tratarse de un criadero la fechoría tenían que haberla hecho en un descuido suyo".


 

Finalizado uno de los cursos volvió a Mosqueruela, matriculándose ese año en el Colegio Nacional. Mientras tanto su padre proseguía con el negocio de la madera. Disponía de varios camiones para el transporte y Abel aprovechaba las horas libres para familiarizarse en su manejo.

A los 16 o 17 años empieza a ayudar a su padre cubicando maderas para las subastas. En estos pormenores continua dos años más, tiempo en que se queda sólo con su padre al partir su hermano mayor a hacer el servicio militar.

Cuando Abel termina los estudios de bachillerato no emprende ninguna carrera. Dando muestras de su capacidad prosigue trabajando al lado de su padre hasta que a los 21 años le toca a él cumplir el servicio militar.

Su época de mili le pareció una lamentable pérdida de tiempo en la que sólo muy pocos aprendían algo. Sin embargo, recuerda algunas anécdotas. Uno de los ejercicios prácticos que realizaban consistía en tomar una loma que se suponía ocupada por el enemigo. Había que subir lanzando granadas de mano, pero ante la poca práctica de los asaltantes algunas granadas bajaban rodando y estallaban a los pies de los que las lanzaban, provocando heridos. Como la cosa no era para tomarla a broma, Abel, cuando se percataba de que no tenía a nadie detrás dejaba caer las bombas rodando ladera abajo y así explosionaban lejos de los compañeros.

Nada mereció la pena a Abel en esos dos interminables años y, de no ser por unas clases que dio a soldados que no sabían leer ni escribir, actividad a la que se presentó voluntario, tendría un recuerdo aún mucho más penoso.

Terminado el servicio militar Abel partió para Castellón, ciudad en la que sus padres habían comprado una bonita casa con un pequeño jardín. La casa pertenecía a una familia local que andaba mal de dinero. Tenían un hijo que quería ser torero y como no disponían de medios vendieron la finca, pensando que así podrían promocionarle. Con la adquisición de esta vivienda, los padres de Abel hacían más vida en Castellón que en Mosqueruela, aunque seguían atendiendo los negocios que allí tenían.

A Abel no le llenaba la vida que llevaba al lado de su padre atendiendo los negocios familiares. Sentía deseos de tener su propio trabajo y gracias a la amistad que le unía con el dueño de una fábrica de alcoholes pudo independizarse. La tarea consistía en ir de segundo chofer en un camión que hacía la ruta de Castellón a Gerona y cuando el camión regresaba de vació Abel lo conducía. Sin embargo, a pesar de estar bien remunerado era una labor que no le gustaba. Había que pasar muchas noches en la carretera y cuando se presentó la oportunidad dejó su profesión de conductor y probó suerte en una fábrica de tubo redondo. Allí aprendió el oficio de soldador y permaneció en este puesto durante un año.

Pero estos quehaceres dejaban a Abel absolutamente insatisfecho. El necesitaba otras cosas y aprovechó unas vacaciones para hacer una visita a su hermano Florencio que se encontraba en París desde hacía algunos meses. Corría el año 1958 cuando Abel decidió cambiar de aires. Sempere y el que esto escribe le conocimos a través de su hermano Florencio. Ambos éramos sus amigos y éste nos presentó a Abel a su llegada a París.

Aunque no éramos precisamente buenos representantes de la "dolce vita", sino más bien todo lo contrario, hicimos de Cicerones y le enseñamos lo que pudimos. La penuria económica daba para ver poco de la alegre y frívola vida parisina, pero a Abel le gustó el ambiente bohemio en que nos desenvolvíamos y sin amedrentarse por nuestro estoico comportamiento a la hora de las comidas, se quedó con nosotros.

Abel no recuerda el momento exacto en que conoció a Sempere. Muy posiblemente fuese en el comedor de la ciudad Universitaria parisina, puntual lugar de cita de los estudiantes, que acudíamos con la vana ilusión de aplacar el hambre que nos consumía.

Para tener acceso a este comedor había que ser estudiante o residir en la Ciudad Universitaria, Florencio y yo estábamos matriculados en unos cursos de la Sorbona y podíamos entrar libremente a reponer calorías, pero Sempere y Abel entonces no eran residentes y para degustar los manjares que allí nos preparaban había unos tiques que costaban 7,50 francos viejos. Florencio y yo, burlando los controles, se los facilitábamos, pero a veces exigían que mostraras la tarjeta de estudiante y en uno de esos controles pescaron a Abel con la tarjeta de su hermano originándose el consiguiente conflicto. Al final, Florencio dijo que la había perdido y así se zanjó el asunto. Todo eran miserias creadas por un comedor donde sólo podías repetir de pan y agua, menos mal que ingenio no nos faltaba, dicen que el hambre agudiza y esto debe ser cierto; supimos salir airosos de los numerosos problemas que se nos presentaron y como los momentos más duros los llevamos con excelente humor juvenil también supimos reírnos de las adversidades.

Abel trabajó en una fábrica de cajas de cartón. Al cumplir los cuatro meses pasó a otra fábrica del Estado, pero tampoco duró mucho ese empleo.

Hasta entonces Abel no conocía la serigrafía. Empezó a tener referencias de ella a través de las tarjetas que veía hacer a Eusebio en el estudio; un día se le presentó la oportunidad de echarle una mano. Era su primer pinito. luego, ya solo, hizo una tirada de 500, pero el resultado fue desastroso. Se le pegaron todas las tarjetas y tuvo que retocarlas a mano, quitando las manchas una a una. Abel, sin dejarse impresionar por este fracaso siguió perfeccionándose. Sempere, cansado de este trabajo y pensando dejarlo le propuso hacerse cargo de él, no sin antes advertirle que algunos meses los ingresos apenas llegaban para comprar materiales. Plantearon la situación a las señoras que lo llevaban y Abel se hizo cargo de todo, ganando el doble de lo  que Eusebio había percibido. Sempere, sobre todo al principio, no se desentendió de su amigo y hasta que no le vio suelto le estuvo prestando ayuda. Más tarde, fue su hermano Florencio, quien continuó con la tarea, mejorando así mismo las condiciones económicas.

Abel siguió los pasos de Sempere y al igual que hizo éste en su día, entró a trabajar con Arcay. Al principio sólo se dedicaba a colocar las serigrafías que hacía el maestro, pero poco a poco fue adquiriendo experiencia y responsabilidad en el trabajo. Arcay, como le veía aplicarse, estaba muy satisfecho de su progreso, y Abel, a medida que prosperaba iba sintiendo un inmenso placer por un trabajo al que había llegado sólo por la necesidad de ganar unos francos. En Abel, la llamada del arte que dentro de su ser latía, vino a despertar con esta experiencia, y es que, ¡cuánto puede hacer el interés y la perseverancia en la vida de un hombre si se emplea con inteligencia!

La primera serigrafía impresa totalmente por Abel fue la que realizó para André Bloc. Consistía en dos manchas blancas distintas, una cubría una pequeña parte y sobre ésta había una estructura con un blanco más intenso.

Arcay andaba continuamente controlando la temperatura del estudio, difícil de regular a causa de unos grandes ventanales por los que se filtraba el aire impidiendo mantener uniformidad ambiental. Para alimentar el estudio con una temperatura uniforme conservaba encendida una estufa continuamente, pero a pesar de ello muchas veces el papel no se secaba igual por todas partes, y bastantes serigrafías, a causa de un secado rápido o de una dilatación del papel, había que retocarlas después. Eran muchas las dificultades técnicas que surgían; el conseguir los tonos deseados resultaba a veces realmente difícil como ocurrió en una ocasión con una serigrafía de Vasarely. El artista quería un azul ultramar muy intenso, hasta que a Vasarely no se ocurrió mezclar algo de óleo, no se pudo obtener. Aquello fue rotundo éxito y para celebrarlo Vasarely les invitó a comer en un lujoso restaurante. Al violinista que amenizaba el ambiente Vasarely le acaparó para sí y le tuvo toda la comida pegado a su mesa, despidiéndole  a los postres con una espléndida propina.

Pero la vida del artista en París generalmente resulta dura. Si no estás consagrado lo normal es que andes pensando de dónde vas a sacar el dinero para comer al día siguiente, y Abel no era la excepción. Al cabo de 2 años no había  logrado abrirse futuro y se sintió cansado. Además tenía nostalgia y le entraron deseos de volver a España. Otro tanto le sucedía a Sempere, cuyo talento natural no encontraba la salida que él esperaba. En esas horas bajas se iba con Abel a ver a Arp. Las charlas con el viejo resultaban estimulantes y confortaban su moral. Arp les aconsejaba que tuviesen paciencia, que continuasen en la brecha; él mismo no había vendido una escultura hasta los sesenta años, les decía.

De estas conversaciones salían momentáneamente optimistas, pero las soluciones no aparecían y ante la falta de medios económicos volvía la depresión. En París tenían frecuente contacto con otros pintores españoles. Eran amigos que habían regresado a su patria y estaban triunfando, y cada uno a su manera presionaba sobre ellos para que regresaran. Luis González Robles les brindó la ocasión proporcionándoles un trabajo y al iniciarse el año 1960 Eusebio Sempere y Abel Martín regresan a Madrid.

Llevan ilusiones, montones de esperanzas, y sueñan con encontrar una vida más grata; pero las cosas no van a variar y se encuentran con una realidad bien distinta a como la habían imaginado. Los trabajos que les prometió Luis González Robles en París se limitaron a hacer la portada de un catálogo por él les pagaron 3.000 pesetas y todo quedó en agua de borrajas. Como no podían vivir de las promesas de un señor que al parecer le sobraba fantasía, para subsistir buscaron otras oportunidades. Respondiendo a su llamada, sus amigos Dimitri, Lucio Muñoz, Redondela, García Ochoa y otros, les encargaron serigrafías lo que constituyó su principal fuente de ingresos.

En su trabajo hubo otras cosas de orden técnico contra las que también tuvieron que luchar Eusebio y Abel a su llegada a España. En París al menos disponían de buenos materiales para trabajar, pero aquí lo que encontraban era de mala calidad. Los envíos se hacían desde Barcelona y nunca se recibían a tiempo; las tintas llegaban secas y había que removerlas con un palo para que se disolviesen; también se mezclaban mal, la pasta tenía exceso de líquido y en la pantalla se secaba en seguida; papel de recorte no había y lo tenían que encargar  a París...

Hasta 1963 no empiezan a soplar vientos mejores. A Sempere le conceden la beca Ford Fundation y ya hemos reseñado lo que esto supone en la vida de un artista. Abel, por su parte, consiguió un ventajoso contrato con la productora de películas "55 días en Pekín", que  a la sazón se rodaba a las afueras de Madrid.

El trabajo consistió en hacer unas serigrafías de los decorados de la película a base de guerreros y carrozas de caballos. Le pagaron 40.000 pesetas por cada uno de los decorados y si se tiene en cuenta que hasta entonces habían vivido con cuatro o con cinco mil pesetas al mes, aquello le supuso una auténtica fortuna.

Las serigrafías eran de tamaño reducido, aproximadamente 50 x 35 centímetros.

Cuando Sempere regresó de los Estados Unidos volvieron a reunirse para trabajar juntos. A partir de entonces los dos amigos ya no van a tener apremiantes problemas económicos, la vida ha comenzado a sonreírles, pueden permitirse ciertos lujos y en 1968 hacen cursillos en el centro de Cálculo en la Universidad. Abel realizó un álbum de serigrafías con curvas de computadora; luego hizo un segundo álbum a base de músicos y finalmente un tercero, que junto con alguna serigrafía suelta, es todo lo que ha llevado a cabo como obra propia. Abel no tiene inconveniente en declarar que prefiere hacer cosas ajenas que le gusten,  a las propias que no le gusten, y guiado por esta sana filosofía prosigue, junto a Sempere, haciendo serigrafías.

Pero hace ya muchos años que Abel Martín es un artista consagrado. Afortunadamente las cosas han cambiado mucho para él. Dispone de buenas pantallas y excelentes materiales para realizar su tarea. Recibe encargos de otros famosos artistas y compone con ellos obras dignas de un maestro, que es lo que ha llegado a ser a base de perseverancia y no pocos sacrificios. Pero sobre todo hay que reconocerle el mérito de haber sabido interpretar fielmente las enseñanzas que ha recibido de Eusebio Sempere, con el que ha creado y realizado una importante obra gráfica en serigrafía.

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Abel Martín Biografia

ABEL MARTÍN

abel martin.serigrafo

1931

Nace en Mosqueruela (Teruel)

1958 -1960

Se traslada a París, donde conoce a Eusebio Sempere, de quien a partir de ese momento se hace inseparable amigo y colaborador. conoce  tambien a Roberta González, Michel Sheuphor, Rafael Soto y los españoles Lucio Muñoz, Palazuelo y Victoria.En su estancia en París aprende el arte de la serigrafía en el taller de Wifredo Arcay, estampando obra grafica de Arp, Mortensen y Vaserely entre otros.

1960

Regresa a España. El Comisario de  Exposiciones y Bienalesdel Ministerio de Asuntos Exteriores, Luis González Robles les ofrece instalar su propio taller de serigrafía. El primer encargo recibidoes una monografía de Lucio Muñoz editada por la Sala Neblí y José Ayllón con y texto  de Aguilera Cerni.

1962

Exposición de esculturas en hierro en la Galería Diario de Noticias en Lisboa.

1963

Se edita la primera de las ediciones de obra gráfica del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, obra de Cesar Manrique y estampada por Abel. Participa en la exposición colectiva del Palacio del Retiro, Madrid.

1964

Exposición en la Galería Diario de Noticias, Lisboa.

1965

Estampa la carpeta de Gustavo Torner “ Heraclito-nueve fragmentos- Torner-  nueve serigrafías” y “Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar” tambien de Torner. Participa en la exposición colectiva de la galería Seiker, Madrid.

1966

Participa en la exposición colectiva en Eurocasa, Madrid.

1967

Participa en la exposición colectiva en la Sala Honda, Cuenca.

1968

Realiza la carpeta de 5 serigrafías sobre papel negro “Metempsicosis”, con textos de Tomás Marco. Participa en la exposición Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid.

1969 

Forma parte del Seminario “ Generación de Formas Plásticas”, Centro de Cálculo, Universidad Complutense, Madrid.Exposición en la   Casa de Cultura, La Habana. Exposición colectiva “Formas computables”.en el Centro de Cálculo, Madrid.

1970

Carpeta de 6 Serigrafías “Musical”, bajo programación de J.E. Arrechea.Textos de Enrique Delgado y partituras de Ramón Barce, Claudio Prieto, Agustín González, Francisco Estévez, Francisco Cano y Carlos Cruz de  Castro. Exposición en la Sala Honda, Cuenca. Participa en la exposición “Computer Assisted Art exhibition Held”, Palacio Nacional de Congresos, Madrid. Exposición colectiva en el Palacio Nacional de Congresos, Madrid.

1971

Exposición en la Galería Antonio Machón, Madrid. Estampa la carpeta del autor José Guerrero “Fosforescencias”. Editada por el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.

Exposición colectiva en el Palacio Nacional de Congresos, Madrid.

1972

Carpeta de 6 Serigrafías, con un cuento de Florentino Briones. A partir de este año solo realizara alguna serigrafía suelta de su propia obra, dedicándose a la estampación de obra gráfica de otros pintores como Rueda, Saura, Torner, Vela, Zobel y principalmente de Sempere.

Exposición colectiva en la Galería Daniel, Madrid.

1973

Exposición colectiva en el Colegio de Arquitectos, Canarias.

1985 

A partir de este año y hasta su muerte dedica su tiempo  a la  divulgación de la obra de Sempere, tanto en la organización de exposiciones, como en la edición de libros, videos y catálogos.

1993

Muere en Madrid.

1996

Su obra participa en la exposición Antes del Arte, en el Spanish Institut, New York.

1997

Su obra participa en las exposiciones en el Museo Nacional de Buenos Aires y en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo. Exposición Antes del Arte. IVAM, Valencia.

2003

Su obra forma parte de la exposición  El Centro de Cálculo. 30 años despues.  Sala S. Juan. Elche. M.U.A. Alicante y Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza.

2012

Varias de sus serigrafías realizadas durante los años de los seminarios del Centro de Cálculo, participan en la exposición itinerante que recorrerá las universidades de la Complutense de Madrid y la de Alicante (MUA), bajo el título Del cálculo numérico a la creatividad abierta. El Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (1968-1982).

2013

Del cálculo numérico a la creatividad abierta. El Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (1968-1982). Universidad Politecnica de Valencia.

Abel Martín Serígrafo. Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora, Teruel.

2014

Libros (y otras publicaciones) de artista: 1947-2013. Fundación Juan March, Madrid.

2015

De luz será la línea. Eusebio Sempere, Sala de exposiciones de la Universidad Miguel Hernández de Elche, Elche, Alicante.

Sempere sempre entre nosaltres, Lonja de Sant Jordi, Alcoi, Alicante.

Eusebio Sempere en la Casa Bardín, Casa Bardín, Alicante.

Eusebio Sempere / Abel Martín. La música de los números que no existen, MACA, Alicante.

2016

Conciencia perceptiva, Arte concreto español en la colección Escolano. Centro de Arte y Naturaleza, CDAN, Huesca.

Arte sonoro en España (1961-2016). Fundación Juan March, Museo Arte Abstracto Español de Cuenca.

Arte sonoro en España (1961-2016). Fundación Juan March, Madrid.

Conciencia Perceptiva. Arte concreto español en la colección Escolano. Sala San Miguel Viladrich del Palacio Montcada de Fraga.

 2017

Conciencia perceptiva. Arte Concreto español en la colección Escolano. Museo Provincial de Teruel.

Eusebio Sempere. Obra gráfica. Sala Ignacio Zuloaga, Fuendetodos, Zaragoza.

 2018

Eusebio Sempere y Abel Martín. La música de los números que no existen. Calcografía Nacional, Madrid.

Madrid, Octubre 68. FRAC (Centre Val Del Roire), Val Del Loire, Francia.

 

2019

El juego del arte. Pedagogías, arte y diseño, Fundación Juan March, Madrid.


 


 

OBRAS GRAFICAS PARA OTROS AUTORES

  • Eusebio Sempere
  • Gerardo Rueda
  • Fernando Zobel
  • Gustavo Torner
  • José Guerrero
  • Manuel Hernández Mompó
  • Lucio Muñoz
  • Vicente Vela
  • Rinaldo Paluzzi
  • Pablo Palazuelo
  • Antonio Saura
  • Eduardo Chillida
  • Antonio Lorenzo
  • Juan Barjola
  • Manolo Millares
  • Luis Feito
  • Adrián Moya
  • Victor Vasaraly
  • Robert Jacobsen
  • Richard Mortensen
  • Jean Arp
  • José Mª Yurralde
  • Cesar Marrique
  • Bonifacio Alfonso
  • Agustín Redondela
  • André Bloc
  • Pepe Dámaso
  • Francisco Molina
  • Amadeo Gabino
  • Ana Peters

 

Abel Martín.

Abel Martín, de cuyo trabajo estamos preparando un articulo en esta web, se caracterizó por la utilización de curvas matemáticas dibujadas por la computadora como elementos de composición para su posterior uso en trabajos con la técnica de la serigrafía. Usando como base de su investigación la generación de formas plásticas a partir de familias de curvas matemáticas, Abel Martín escoge una de las posibles opciones seleccionando una de las programadas por Eduardo Arrechea. Sobreponiéndolas de manera invertida o bien utilizándolas en gradaciones de colores puros, Abel Martín, al igual que Eusebio Sempere, conseguía unos resultados cuyo aspecto general ofrecía evidentes puntos de conexión con el arte óptico-cinético.

 

 

 

 

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OBRAS EN MUSEOS

  • Museo Casa de la Asegurada. Alicante.
  • Museo de Arte Contemporaneo de Villafames, Castellón.
  • Museo de Arte Contemporáneo de Elche, Alicante.
  • MNCARS, Madrid.
  • Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora, Teruel.

Prensa


IMÁGENES

abel martin.serigrafo

Fiestas de moros y cristianos en la provincia de Alicante (años 60)

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Abel Martin, la muerte de un serigrafo

LOS HERMANOS MONTEZUMA O LA MUERTE DEL SERÍGRAFO

LA MUERTE DE ABEL MARTÍN



Un seis de agosto de 1993, el pintor y grabador Abel Martín fue encontrado muerto por su asistenta Magdalena y por el dueño del bar La Rozeña donde desayunaba. Hallaron su cuerpo en el ático de su chalet de la Urbanización El Plantío, en Aravaca (Madrid), “tendido y exánime”, con un orificio en la frente. Al principio pensaron que la muerte derivaba de ese impacto, aunque la autopsia revelaría que el artista aragonés, especializado en serigrafía, había sido agredido con un objeto contundente, de punta roma, que le había atravesado el esternón y que se le había hundido en el corazón. El caso, según recuerda Lorenzo Silva en su libro “Líneas de sombra. Historias de criminales y policías” (Destino, 2005), se lo asignaron a un guardia civil de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de Madrid, Joaquín. Estaba entonces de vacaciones y no podía imaginarse que fuese a realizar un intenso máster de arte contemporáneo y enfrentarse al asunto más complicado de su carrera.
¿Quién era en realidad Abel Martín? Había nacido en Mosqueruela, Teruel, en 1931, y alternaba la pintura y el grabado con la realización de serigrafías, técnica en la que se había convertido en un maestro. Ya en 1976, la revista “Guadalimar” recordaba que había realizado reproducciones de Mondrian, Vasarely, Arp, Zóbel, Antonio Saura o Manolo Millares, entre otros. Decía Abel Martín: “Yo recojo la obra y serigrafío. (...) Sólo cabe buscar una pureza en el trabajo, una limpieza, una perfección”, y recordaba que antes había sido camionero. Otro detalle esencial en la vida de Abel Martín era el hecho de haber convivido durante años con el pintor Eusebio Sempere, en esa misma casa que era una especie de santuario silencioso y ordenado del legado del creador abstracto fallecido en 1985 tras una penosa enfermedad, en la que se volcó Abel. Joaquín leyó el expediente e inició las investigaciones. Descartado muy pronto el móvil sexual, que alguien lanzó con alguna precipitación, el guardia civil y sus compañeros de investigación “se centraron en la hipótesis de que el móvil del homicidio había sido el robo”, recuerda Lorenzo Silva. En el chalé había importantes obras de arte: Picasso, Miró, Julio González, Manuel Mompó, arte religioso… El ladrón o los ladrones se habían llevado un cuadro que dejaba un rastro ostentoso en la pared y Magdalena lo definió como una obra de muchos “rayajos”; durante el curso de la investigación se supo que era “Composición azul-verde” de Serge Poliakoff, el pintor y músico que vimos hace algo más de un año en el Palacio de Sástago.
Tras preguntar mucho, realizar alrededor de 500 entrevistas, buscar fotos de los artistas o de amigos, Joaquín dedujo que los criminales se habían llevado siete obras de Julio González, la citada pieza de Poliakoff, un Mompó y obras religiosas, valoradas en varios cientos de miles de euros. Le sorprendió que los ladrones se dejasen un Miró y un Picasso, pero luego se comprobó que eran obras menores. Joaquín frecuentó a galeristas, pintores, instituciones culturales, intermediarios, indagó en el restaurante donde comía Abel Martín y entre su vasto círculo de amigos, pero no hallaba indicio alguno. Leyó monografías, adquirió catálogos, asistió a exposiciones de arte contemporáneo, e incluso llegó a investigar sobre Julio González y sobre cómo habían llegado esos cuadros a las manos de Sempere. Al parecer, se los había regalado al pintor Roberta González, hija del escultor y dibujante valenciano, que se había enamorado de él en vano. Joaquín acumulaba datos, pero el caso pareció encallarse definitivamente. Volvió al restaurante y le dijeron que pocos días antes de morir Abel Martín había concertado una cita con dos portugueses e incluso le revelaron que hubo algún problema con las tarjetas de crédito. De ese dato derivó un número de teléfono, anotado en el envés de un almanaque, y un nombre: el de un tal doctor Montezuma de Carvalho, de Coimbra, que había asistido a Sempere en los últimos años. Lo localizó y recordó su amistad con Abel Martín y Eusebio Sempere. Le dijo que los había visitado en Madrid hacia 1984, que le habían querido regalar un grabado de Picasso y que lo había acompañado su hijo Manuel José, que entonces tenía 17 años. Intuyó de inmediato que ahí había un flanco abierto a la investigación; Montezuma dijo que no sabía si su hijo había ido ver a Abel Martín, aunque le reveló que sus hijos -tanto Manuel José, de 26 años, como Gonzalo, de 28-, llevaban mala vida. Manuel José, además, había fracasado con una galería de arte.
Joaquín se marchó a Coimbra y se puso en contacto con la policía portuguesa, que acabó hallando varias piezas, entre ellas el Mompó valorado en 60.000 euros. En la casa de los hermanos Montemuza no había obras, pero ellos, en un aparente descuido de los agentes, arrugaron un papel y lo arrojaron al baño. Contenía unas medidas, unas iniciales y una fecha. Gonzalo fue detenido de inmediato, se recuperaron dos ángeles de madera policromada. Joaquín volvió a Madrid con “una sensación de misión cumplida”. El fiscal portugués dijo que había escasez de pruebas, y los hermanos Montezuma quedaron en libertad. En 1996 apareció una de las obras robadas de Julio González en Arco y más tarde, 2000, se recobró el lote completo en Bruselas, pero los asesinos (los Montezuma u otros) de Abel Martín, enterrado en Mosqueruela, andan por ahí…

*"Líneas de sombras. Historias de criminales y policías". Lorenzo Silva. Destino: Imago Mundi. Barcelona, 2005. 222 páginas. (El libro se compone de dos partes: "Sombras reales", donde se incluye la de Abel Martín; y "Sombras fingidas", donde se habla de escritores como Raymond Chandler, Georges Simenon...)

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