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Entrega número 48
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Ars Citerior

Farreras en la Galería Lucía Mendoza

Farreras en la Galería Lucía Mendoza

Exposición : del 5 de marzo al 25 de abril

Lucía Mendoza Galería de Arte. C/Bárbara de Braganza, 1o, Madrid.

Exposición del artista Francisco Farreras, que mostrará obras nunca expuestas. Catálogo editado para la ocasión.

Inauguración el 5 de marzo de 2016 a las 12.00.

Hombre de pocas palabras y valiosos gestos de generosidad creativa. Su pulcritud técnica es innegable, su habilidad artística genial y su carácter creador incesante.
Avanza en los materiales que se cuelan en sus trabajos de manera casi imperceptible pero asegurando la sorpresa del espectador que tropieza en su lectura con guiños -tal vez inconscientes- a otros tiempos, a otros modos -bien a través de círculos de cartón, trozos de cuerda o barnices quemados.
Cada pequeño objeto introducido no es sino un nuevo fonema añadido a su vocabulario con el que avivar la conversación.
Y con cada nueva obra, su lenguaje se simplifica frente a un interlocutor que ha ido adquiriendo cierta destreza en el manejo de sus símbolos, sus signos, sus silencios. 
La obra de Farreras con el tiempo ha ido consolidándose hasta alcanzar un control absoluto del espacio, manejar con exactitud la proporción e incluso acertar con el justo empleo del color que busca un hueco entre los matices que provocan las maderas.

(Texto gentileza de la galería)

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Francisco FARRERAS. Biografía

Francisco FARRERAS. Biografía


Francisco Farreras (Barcelona, 1927) es un destacado pintor informalista que utiliza sobre todo el collage y el relieve en madera como punto de referencia de su obra.

Francisco Farreras nace en Barcelona el 7 de Septiembre de 1927. Tras la guerra civil, se traslada con su familia a Murcia y más tarde a Tenerife, donde estudia bajo la tutela de los pintores Antonio Gómez Cano (1912-85) en Murcia (1940) y Mariano de Cossío (1890-1960) en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife (1941). En 1943 se instala en Madrid, siendo discípulo de Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) y realiza los estudios de Bellas Artes en la Escuela de San Fernando de Madrid donde obtiene el titulo de Profesor de Dibujo en 1949.

Francisco Farreras es seleccionado para la I Bienal Hispanoamericana en 1951 y en 1953 viaja a Francia,  momento en que se acercará a la abstracción geométrica y en que comenzará a experimentar con materiales como la arena. Realiza viajes de estudios a París (Colegio España. Boulevard Jourdan de la Ciudad Universitaria), Bélgica y Holanda entre 1952 y 1954. Es a partir de 1954 cuando Farreras inicia profesionalmente su trayectoria artística, participando en múltiples exposiciones colectivas e individuales. En 1956 gana por concurso el proyecto y la ejecución de trece pinturas murales al fresco para la Capilla del Castillo de las Navas del Marqués (Avila). Entre los años 1958 y 1959 su pintura es básicamente geométrica y de gruesas materias. Tras este período descubre el papel de seda y las posibilidades que éste le ofrece. Tal hallazgo le impulsa a realizar collages como medio idóneo de expresión plástica.

Artista de producción cambiante, en la década de 1960 se concentra en la producción de sutiles collages con papel de seda, de clara inspiración oriental, mientras que en los ochenta prefirió la potencia expresiva de la madera que ensambla a una superficie. Participa en la mayoría de las  muestras itinerantes organizadas por el Ministerio de Exteriores a través de Europa y América. Es seleccionado por los Museos de Arte Moderno y Guggenheim de Nueva York, y la Galería Tate de Londres, para figurar en las muestras de pintura española que respectivamente llevarían a cabo. En el año 1963 viaja a Escandinavia y México para trasladarse finalmente a Nueva York donde fijará su residencia durante dos años. Para el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York, realiza por encargo un gran mural-collage.

Toma contacto con la galería Bertha Schaefer con quien expondrá su obra en repetidas ocasiones. Aunque ausente de España se integra al grupo de artistas de la Galería Juana Mordó de Madrid, firmando con ella un contrato de exclusividad de su obra. En 1966 regresa a España tras vivir varios años en los Estados Unidos y se instala en las afueras de Madrid donde vive y trabaja en la actualidad.

En el año 1982 realiza por encargo un gran mural-collage para el aeropuerto Madrid-Barajas. Este trabajo supondrá la momentánea ruptura con el collage, produciéndose un cambio radical en su trayectoria artística. Los volúmenes hasta entonces “sugeridos” en las superficies planas del cuadro le inducen a buscar la fórmula para que éstos se conviertan en volúmenes físicos, en cuya empresa dedica varios años de ensayos y experiencias. Inicialmente tiene lugar una intensa producción de trabajos volúmetricos que denomina "coudrages" realizados con maderas y telas cosidas. La fragilidad máterica de estos trabajos le fuerza a buscar materiales más resistentes. El cartón y la madera se convertirán en la base de sus últimos trabajos.   

A partir de 1988, Farreras abandonará definitivamente el collage par dedicarse única y exclusivamente a los relieves de madera. En el año 1990 realiza una exposición personal de relieves en la Galería Scheffel de Bad Homburg (Alemania). Tambien realiza por encargo un mural-relieve de 2.25 metros de alto por 10 metros de largo para el Hotel Príncipe de Asturias en la Isla de la Cartuja, con ocación de la EXPO, que le servirá de experiencia para afrontar trabajos en madera de gran formato. Realiza muestras individuales en Santander, Sevilla, Córdoba y Granada. Concluídas las exposiciones itinerantes por Andalucía, prepara una segunda exhibición en 1992 para la Galería Scheffel de Bad Homburg. En 1993 lleva a cabo una segunda exposición en la Galería Detursa de Madrid, con obras de gran formato y participa en las exposiciones itinerantes organizadas por la Compañía Iberia bajo el titulo "El Aire", por varios países latinoamericanos.

En estrecha colaboración con la Galería Scheffel, participa en 1994 en varias ferias internacionales: Colonia, Chicago, Frankfurt, etc.  Viaja de nuevo a los Estados Unidos donde realiza un exposición de relieves en la Galería Peyton-Wright de Santa Fé (Nuevo México). También expondrá en la Galería Rieder de Münich (Baviera. Alemania) y en el Antiguo Ayuntamiento de Lahr (Selva Negra. Alemania). En 1995 participa en la feria de ARCO de Madrid con un relieve de gran formato, por el cual la Asociación de Críticos de Arte le concede el segundo premio internacional como la mejor obra expuesta en dicho certamen.

Una vez mas participa en las ferias internacionales de Chicago, Colonia y Frankfurt. Nuevos viajes a Francia, Suiza y Alemania para exponer en la Galería Marie Louise Wirth de Zürich y en la Galería Voght de Herten. Tiene una exposición de caracter retrospectivo en la Galería Margarita Summers de Madrid, en 1966. Tambien expondrá sus obras en la Galería Estatal de Jena (Alemania). Realiza una exposición individual en la Galería Gunar Barthel de Berlín y participa en la feria de ARCO de Madrid, en 1997. Expone en la Caja de Pamplona, con motivo del 125 aniversario de esta entidad. La Fundación Carlos de Amberes de Madrid, exhibe una colectiva dedicado a "El Arte y La Prensa en las Colecciones Españolas", donde figura uno de sus collages. En 1998 es invitado para exponer en el Centro Atlántico de Arte, de La Coruña, en cuya muestra La Caixa Galicia le adquiere un relieve de 165 x 305 cms.  

En el curso del año 1999 participa en diversas exposiciones colectivas en Santander, Madrid, Pamplona, La Coruña y Berlín, además de realizar un gran viaje por el oeste americano. De octubre de 1999 a Enero de 2000, Farreras realiza una exposición retrospectiva en el Centro Cultural de la Villa de Madrid. Medalla de La Asociación Madrileña de Críticos de Arte a la mejor exposición del año. Con el cambio de siglo, Francisco Farreras sigue evolucionando. En determinados momentos abandona los colores tostados de la madera, que sustituye por unos tonos claros, casi blanquecinos, con superficies despejadas y limpias. A veces, utiliza sólo dos maderas, que une entre sí por cintas gruesas o cuerdas que emergen y vuelven a sumergirse en el plano.

En 2004, las obras en relieve que ha venido realizando en estos últimos años empiezan a experimentar cierta fatiga por lo que comienza una nueva etapa en la que el volumen queda, en cierto modo, marginado. A partir de este momento, inicia una serie de trabajos de experimentación sobre superficies casi planas y con una clara intención de síntesis. El 2005 es un año de gran actividad creativa provocada por el nuevo enfoque expresivo y el uso de nuevos materiales. El volumen de obra realizada a lo largo de los años 2006 y 2007 precisaba ser mostrada al público para que fuera éste quien juzgara los resultados y no la mirada propia en la engañosa soledad de su estudio.

Numerosas exposiciones tendrán lugar en Madrid (que obtiene, en 2007, la Medalla de La Asociación Madrileña de Críticos de Arte a la mejor exposición del 2006), Casa da Cerca-Centro de Arte Contemporáneo de Almada (Portugal) y Galería Prova de Artista de Lisboa (Portugal), Galería Van Dyck de Gijón (España), Galería da Miguel Bombarda de Oporto (Portugal) y de nuevo con la Galería Rieder de Munich (Alemania).

En las obras de Francisco Farreras, prima el orden como elemento fundamental del planteamiento estético. El cuadro no es ya sólo los elementos que lo crean y sus valores poéticos,  ni siquiera la relación compositiva que existe entre ellos, es ante todo y, siguiendo el modelo clásico, proporción, proporción y proporción en la medida del hombre y, por tanto, característica de toda reflexión llevada a cabo en su larga trayectoria plástica.

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Farreras. Una novedad: Los relieves de Madera.

Farreras. Una novedad: Los relieves de Madera.

José María Iglesias

 

Ha transcurrido la carrera de Farreras siempre en línea ascendente, siempre comprometida con un tipo de obra de gran sensibilidad y peso específicamente plástico. El “collage” de papel, en clave de transparencias, ha sido el elemento principal de su obra. Con esta técnica ha desarrollado durante años una variadísima serie de obras. Tratando el papel, arrugando y erosionando sus superficies, tiñiendo, buscando posibilidades; experimentado, en suma, Farreras ha construido una de las obras más refinadas y personales del arte español de las últimas décadas.

En la exposición que provoca este comentario hay una novedad: los relieves en madera. Junto a “collages” en su línea tradicional, aunque conviene destacar en ellos una mayor simplicidad y rotundidad formal, presenta una buena serie de relieves. En éstos parecen corporizarse las constantes formales de anteriores logros.

Si en las sobras en papel, en los “collages”, parece regir una voluntad primordialmente horizontal en los relieves se impone preponderantemente el sentido vertical. Ambos conceptos deben de ser entendidos de manera muy amplia. La horizontalidad de los “collages” es vulnerada por oblicuas inclinaciones, por sombreados invadientes de las grandes zonas que el pintor plantea. Hay, en ocasiones, algo de antropológico y visceral en estas configuraciones de bordes difusos, de modulaciones y tonalidades infinitas. Las superficies aparecen como dotadas de una respiración, de una palpitación que las hace vivas y vibrantes. Se tiende a la monocromía pero toda una gran gama de coloraciones intermedias.

Pero auténtica sorpresa de la muestra son los relieves de madera, algunos de grandes formatos. En ellos se pueden encontrar las características formales que han informado las diversas etapas creativas de Farreras. La indeterminación de los bordes, el zigzagueo de formas que parecen salir al encuentro unas de otras, la especie de imantación sugestiva que establece entre las diversas partes de la obra están también estos relieves de maderas viejas o envejecidas, pienso que levemente teñidas, que establecen un rico juego sobre sus texturas y nervuras tanto como entre las formas de que el artista los ha dotado.

Cada uno de estos relieves posee su propio argumento, su propio planteamiento. Parece como si la pieza fuese desgajada en su parte central, perfectamente, para levantando su pie dejarnos ver el juego de formas, de nervaduras, que oculta. Formas dentadas, cilíndricas, esferoides, alargadas, astilladas, y pulimentadas…, todo un repertorio de posibilidades de que el artista se vale para establecer en cada uno de sus relieves  unas normas de contrastes entre el núcleo en donde ocurren las cosas y, generalmente, los laterales lisos que parecen  aprisionar el motivo central. Conviene advertir que pese a cuanto va dicho, los relieves se me aparecen más como pintura que como escultura. Estas cualidades no son cuestión de engrosamientos volumétricos, sino de sentido formal y hasta cromático. En alguno el artista ha pintado zonas, fondos, de negro para hacer  resaltar mejor el juego de los elementos, de las líneas directrices.

Hay en toda la obra de Farreras una primera etapa, pienso yo, que es precisamente ésta de las líneas directrices. La obra es compuesta por tres o cuatro muy definidos espacios, destinados a alojar todo cuanto la dinamización de la obra precise. Esto las dota de variedad y vitalidad, de movimiento plástico, en suma. Pintor parece ir descubriendo a cada paso lo que alberga cada uno de los espacios que ha dispuesto. Cada uno de los espacios principales en los cuales y desde los cuales aloja y desaloja múltiples efectos y fisuras. Fracturas desencadenantes y señaladotas del vetado de una superficie, por ejemplo, son protagonistas en algunos casos, mínimos detalles enriquecedores en otros. Escalonamientos hacia el espectador se cortan abruptamente por la rotundidad de una madera apenas trabajada, presentada en su elementaridad como contrapunto de las finísimas armonías que las circundan.

Hasta la sombra, las sombras, son utilizadas por Farreras en estos trabajos para dotarlos de una nueva y enriquecedora dimensión que viene a quebrar su cualidad estática. Sombras de unos elementos sobre otros en la superficie de la obra; sombras de esta sobre la pared en que está colocada. Desprovistas de marco en ellas, están su comienzo y su fin. Los relieves, las diversas alturas de éstos al ser iluminados cobran una nueva virtualidad cambiante. Proyectan sombras agudas, dentadas, coronadas, que en cierto modo nos dan una clave de cierto valor espacialmente proyectivo. Cualidad engañosa y por ello más rica en posibilidades: basta cambiar la orientación de la luz para que la obra nos ofrezca un nuevo aspecto.

Planos y volúmenes, formas encorsetadas y encrespadas, zonas vacías que se potencian y potencian  a aquéllas en las que rige la aglomeración de elementos de cambiante sugestión.

Farreras ha dimanado, ha destilado a lo largo de años sutiles planteamientos de planos y espacios, de interpretaciones que dictaban formas. Parece como si ahora, en estos relieves, hubiera corporeizado lo tan largamente estudiado en sus planos  tan ricos cromáticamente. Pero esta corporeización no es menos sutil y refinada. La superficie es tratada por la mano y la mirada atentas a la menor posibilidad. Y Farreras encuentra siempre la multiplicidad que él se encarga de homogeneizar para hacer cada obra suya.

 

José María Iglesias: Guadalimar, año XIV, nº 1.1989, Madrid.

 

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Francisco Farreras

FRANCISCO FARRERAS

francisco-farreras-biografia

Francisco Farreras (Barcelona, 1927) es un pintor (no “artista”, término que no le gusta) que pertenece a una generación con una capacidad de trabajo inagotable. Como a otros compañeros de viaje, en los inicios de la abstracción en nuestro país, allá por los años cincuenta, se podría decir que a Farreras la inspiración siempre le ha encontrado trabajando.

Pese a no estar directamente vinculado a los tres grandes hitos de la llamada vanguardia histórica española: Dau al Set, la Escuela de Altamira y el grupo El Paso -con el que mantiene una mayor vinculación conceptual-, Farreras es miembro de pleno derecho de dicha vanguardia.

Si la característica que aúna a sus miembros es la incursión en las distintas corrientes del informalismo –aunque en raras ocasiones como único elemento y menos aún de forma puramente irracional, a lo action painting-, la obra de Farreras desde sus inicios ha sido una feliz experimentación entre los valores informales -gestuales y nuevos materiales-, con una composición fuertemente constructivista.

Sus obras, siempre sin título, abarcan desde sus papeles de seda pegados sobre tabla hasta los relieves de madera, que tanto le han caracterizado, pasando por sus murales o sus apreciados collages.

Farreras, persona coherente, resolutiva, sincera y fiel con los demás y consigo mismo, ha pagado el peaje que se le impone a todo artista que no comulga con ataduras comerciales. Sólo él se marca su propio ritmo de trabajo y emplea en cada obra el tiempo necesario hasta que la considera concluida.

Siempre metódico, continúa hoy -a sus ochenta y dos años- su trabajo intelectual y manual. E insistimos en el adjetivo manual ya que teniendo en cuenta los materiales que usa (maderas, cordeles y clavos) y las herramientas que utiliza, no cabe duda de la importancia del trabajo manual en la realización de su obra, trabajo que requiere de un esfuerzo físico que Farreras prefiere seguir haciendo solo, sin ayuda de nadie. A pesar del aspecto pulcro de su estudio, que puede dar la sensación de desuso al visitante, sigue siendo un taller en plena actividad, como lo demuestran los relieves que se pudieron contemplar en el stand monográfico que le dedicó Feria DeArte (Madrid) en febrero de este año 2009.

Lejos quedan ya los años cincuenta, cuando la abstracción geométrica era un camino de tránsito hasta el encuentro con la que sería su trayectoria definitiva. En esos primeros años, Farreras realiza diversos murales públicos en diferentes lugares de España, entre ellos en Alicante. Al final de la década, su interés por las arenas y lo matérico, que le descubren mundo de formas y texturas prácticamente inagotable y desconocido hasta ese momento, es el origen de una evolución en su trayectoria. De ahí pasaría a experimentar con el papel de seda blanco sobre tabla en negro, elemento éste, el papel, que se constituye en protagonista de la obra y que le sirve para realizar el llamado “gesto”, tan característico en la plástica española del momento. En esta época produce un gran número de collages que le dan a conocer en el extranjero, realizando exposiciones como la de la galería Bertha Schaefer de Nueva York.

Tal vez, el cambio más importante ocurre en 1984, con sus coudrages monocromos. La utilización de maderas y telas cosidas proporcionan  un volumen a sus obras que hasta entonces no existía como realidad palpable. En palabras del propio pintor “pienso que esta nueva experiencia, más que un cambio o ruptura con relación a mi etapa anterior, responde a una evolución natural y coherente por cuanto ya venía insinuándose en mi último periodo de collages (1).

Tras esta etapa de experimentación, en 1987 pasa a trabajar con materiales como el cartón y la madera. Ésta última es la gran protagonista de los denominados “relieves de madera”, realizados durante muchos años con materiales de derribos como mesas tocineras, tablas de lavar y hasta unas cajas que en su día servirían para embalar de escopetas. Todo esto en manos de Farreras pierde su identidad, se descontextualiza, para convertirse en un ensamblaje con rasgos propios. Los relieves se caracterizan por el contraste entre zonas claras y oscuras, lo que les da un aspecto mágico. La técnica utilizada es muy variada. A menudo, la madera es la pieza principal de la obra, la que va dirigiendo los siguientes pasos, sin boceto previo; en otras ocasiones, hay que tratarla, mojarla para darle forma y, debido al abigarramiento de algunas composiciones, hay que pintar las partes por separado y, luego, ensamblarlas en un todo. Es un trabajo lleno de tensiones y fuerzas, como si cada pieza usada buscara su propio espacio estable. El resultado de todo ello es la armonía y sutileza  que desprende cada uno de estos relieves. Si hasta 1988 alternó estos trabajos con los collages, posteriormente iría abandonando esta última técnica.

Con el cambio de siglo, Farreras sigue evolucionando. En determinados momentos abandona los colores tostados de la madera, que sustituye por unos tonos claros, casi blanquecinos, con superficies despejadas y limpias. A veces, utiliza sólo dos maderas, que une entre sí por cintas gruesas o cuerdas que emergen y vuelven a sumergirse en el plano.

En los trabajos de este pintor, prima el orden como elemento primordial del planteamiento estético. El cuadro no es ya sólo los elementos con lo conforman y sus valores poéticos,  ni siquiera la relación compositiva que existe entre ellos, es ante todo y, siguiendo el modelo clásico, proporción, proporción y proporción en la medida del hombre y, por tanto, representativa de toda la reflexión llevada a cabo en su larga trayectoria Sólo tenemos que disfrutar de esa sensibilidad que el autor ha sabido darle  a estos materiales, que poco importa lo que fueron antes de estar en las manos de este extraordinario pintor.

 

Javier B. Martín

2009

 

(1) Francisco Farreras, “Coudrages”, 1984, Catálogo Galería Theo, Madrid

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