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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
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Ars Citerior

José Caballero. Biografía

José Caballero. Biografía

José Caballero (Huelva, 1915-Madrid, 1991) fue un pintor representante típico de la vanguardia cultural española de los años treinta del siglo XX. En su trayectoria artística hay que distinguir una primera etapa muy corta de 1932 a 1936, correspondiente a sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y en el estudio de Daniel Vázquez Díaz (1882-1969), en los que sólo realiza dibujos y témperas. Etapa terminada en 1936 con la Guerra Civil. La segunda etapa abarca desde finales de los años 40 hasta su desaparición en 1991.  

Se traslada a Madrid en 1930, cuando las ilusiones y talentos incubados durante los años veinte se ven liberados un año más tarde con la instauración de la República. En 1933, ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y continua con sus clases en el estudio de Daniel Vázquez Díaz (1882-1969), a quien había conocido en Huelva, pintando los murales de Monasterio de la Rábida. A través de su maestro entra en contacto con los artistas e intelectuales más destacados de aquél momento y también a través de él, colabora pintando un telón, en el montaje de “La Historia del soldado”  de Ígor Stravinski (1882-1971),  para su estreno en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Caballero frecuenta al pintor constructivista uruguayo Joaquín Torres García (1874-1949), y un año después al escultor Alberto Sánchez (1895-1962), de quienes recibe importantes enseñanzas. Ese mismo año realiza sus primeras escenografías para el Teatro Universitario La Barraca, dirigido por Federico García Lorca (1898-1936). Es éste un momento fecundo, en que la unión de poetas y pintores es muy estrecha, y muestra de ello es la amistad que inicia con los poetas Lorca, Rafael Alberti (1902-99), Pablo Neruda (1904-73), Miguel Hernández (1910-42) y los hermanos Luis (1900-83) y Alfonso Buñuel (1915-61), entre otros. Resultados plásticos de esta relación serán, con las citadas colaboraciones con La Barraca, sus diseños para la escenografía y el vestuario de “El Caballero de Olmedo” de Lope de Vega (1562-1635), sus ilustraciones para “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de García Lorca (las primeras ilustraciones para esta obra las hace en 1935, con tan sólo diecinueve años de edad, y después realizará diversas escenografías para sus obras de teatro) y los decorados para el estreno en el Teatro Poliorama en Barcelona de “Bodas de Sangre”, ambas obras de Lorca. Diseña la escenografía y el vestuario de “El Caballero de Olmedo” de Lope de Vega, para “La Barraca”, e ilustra el primer número de la revista “Caballo Verde para la Poesía”, fundada y dirigida por Pablo Neruda.   

También contribuye en revistas vanguardistas como Cruz y Raya, Noreste, Línea y Caballo Verde para la poesía o en la Primera Feria de dibujo de la Sociedad ibérica de artistas. En 1935 colaboró con sus dibujos en la conferencia surrealista Telefonía celeste de Adriano del Valle en el Ateneo de Sevilla. Su pintura es muy característica de aquellos años, con las ondulantes curvas que habían surgido en le década anterior como reacción al cubismo y una figuración de un clasicismo intencionadamente deformado. Las formas son fluctuantes y parecen abiertas a muchas posibilidades. Así, en 1933, la pintura y el dibujo de Caballero se contagiarán del surrealismo, con figuras anacrónicas a lo Max Ernst (1891-1976) y un crecimiento desbordante de las formas, todo ello envuelto de una atmósfera misteriosa y amenazante.

1936 es un año de muchos proyectos frustrados. Crea para “La Barraca” las escenografías y el vestuario de “El Burlador de  Sevilla” de Tirso de Molina (1579-1648). Federico le encarga el montaje de “La Casa de Bernarda Alba” para su estreno en el otoño y Neruda, las ilustraciones para su próximo libro de poemas “Las Furias y Las Penas”. Nada de esto llega a realizarse por el estallido de la Guerra Civil, mientras José como todos los años, pasaba el verano con su familia en Huelva. Acabada la guerra regresa a Madrid y comienza la etapa más dura y desolada de su vida. Su tío y padrino Diego Pérez Peral es condenado por ser republicano, a doce años y un día de destierro en la isla de Fuerteventura. Son cuatro personas las que tiene que mantener, su madre, sus tíos y su prima. Absolutamente desesperanzado, apenas pinta y se dedica básicamente a realizar los decorados de  casi todos los espectáculos folklóricos de aquella década: Concha Piquer (1905-90), Manolo Caracol (1909-73), Lola Flores (1923-95), Juanita Reina (1925-99), etc. Tambien realiza algunas escenografías para cine. Su trabajo en este campo queda reflejado en las numerosas fotografías sobre teatro realizadas por el fotógrafo Juan Gyenes (1912-95) en los años 40 y 50. Esta actividad la compagina con la ilustración de libros de poesía de Luis Rosales (1910-92), Leopoldo Panero (1909-62), José M. Caballero Bonald (1926), José Hierro (1922-2002) y Gerardo Diego (1896-1987). En 1947, antes de que se cumpla el plazo del destierro, regresa su tío a la Península con un cáncer terminal, falleciendo al poco tiempo. José comienza a trabajar además como director artístico de unos grandes almacenes, para poder asumir su nueva situación familiar. En 1948, fallece su madre y siente la necesidad de ir acercándose poco a poco a la pintura. Los dibujos de esos años es una continuación de esa línea surrealista, que es la que cuajará cuando, hacia 1948 vuelve a pintar. Sus figuras quedarán ahora destacadas sobre fondos de paisaje, aunque se mantendrá el barroquismo y cierta indefinición de la figura: el conjunto es continuo de formas arremolinadas o en fuga.  

A partir de 1950 vuelve a dedicarse intensamente a la pintura. Ese mismo año conoce a la que será su esposa, María Fernanda Thomas de Carranza, que le impulsa a una verdadera entrega a la pintura, ya que  hasta ese momento el dibujo y la témpera habían constituido sus principales medios de expresión. Celebra su primera exposición individual en la Sala Clan de Madrid, en la que tan sólo queda un cierto clima como recuerdo de su primera etapa surrealista. Su obra se va gradualmente alejando de la figuración. Comienza a experimentar con distintas materias y soportes: tierras, dextrina blanca,  arenas (de mármol, pómez y de río), caseína, polímeros industriales, cartones, maderas, esparto, tornillos, etc. Y es esta una de las razones por la que será considerado uno de los más interesantes artistas que representan la vanguardia abstracta de la segunda mitad del siglo XX en España.  De hecho es el único pintor español, que a la manera del grupo abstracto de Nueva York, evoluciona directamente desde el surrealismo a la abstracción. En 1951 obtiene su primer premio el del Círculo de Escritores Cinematográficos. En la primavera de 1951, participa en el VIII Salón de los Once celebrado en la Galería Biosca de Madrid junto a Rafael Zabaleta (1907-60), Darío Suro (1917-97), Manuel Baeza (1911-86), Francisco Capuleto (1926-2009), Antonio Guijarro (1923-2011), Tony Stubbing (1921-83), Martinez Novillo (1921-2008), Santiago Uranga (1913-79), Emilio Varela (1887-1951) y Julio Ramis (1909-90). Son años de triunfos ya que el Círculo de Escritores cinematográficos premia sus decorados para la película Parsifal. José Caballero obtuvo el Premio de Pintura Joven en la I Bienal Hispanoamericana de Arte celebrada en el Museo de Arte Moderno de Madrid entre octubre de 1951 y febrero de 1952. Ese último año expone en la XXVI Bienal de Venecia y en la Exposición Internacional del Instituto Carneggie de Pittsburgh (Pensilvania). Durante toda esta década viaja asiduamente a París.

Más tarde, en 1952, encontramos una geometrización (sobre todo en los dibujos de línea) que limpia de adherencias viscerales las figuras. En ese momento se configura, a nuestro juicio, el Pepe Caballero que hemos conocido después. La figuración posterior ya no será ni surrealista ni realista, sino un juego formal que desarrolla un tema inicialmente objetivo. Los años siguientes marcan el proceso de la abstracción: temas concretos, como el gallo, el caballo o unas mujeres van quedando reducidos a estudios de ritmos, que, sin embargo, nos dan en síntesis el tema real propuesto. Las figuras terminarán convirtiéndose en manchas hasta que finalmente toda sugestión real desaparece. Ese mismo año ilustra el libro de poemas “Quinta del 42” de José Hierro, el primero que publica el poeta, después de salir de la cárcel.      

En 1953, José Caballero expone en el Museo de Arte Moderno de Madrid y recibe el Premio de la Crítica en la Exposición Internacional de la Artes de Londres y en la II Bienal Hispanoamericana de Arte de 1953, celebrada en el Museo de Arte Moderno de la Habana (Cuba) entre mayo y septiembre de 1954, recibiendo el Premio de Pintura. También en 1953, recibe en Madrid el Premio a los Mejores decorados cinematográficos del año, por la película Parsifal. En 1954, ilustra también el libro de poemas de José Manuel Caballero Bonald “Escrito a cada instante”. En 1955 obtiene el Gran Premio de Pintura en la III Bienal Hispanoamericana de Arte celebrada en Barcelona y participa en la III Bienal de São Paulo (Brasil) y en la I Bienal de Arte de Alejandría y de los Países del Mediterráneo. A partir de 1956 y durante veinte años, es decir, hasta después de la muerte del dictador Franco, es eliminado de todos los concursos internacionales, por el comisario oficial de aquel tiempo, quien también en la I Bienal de Alejandría, de 1955, en la que el jurado decidió otorgarle el Gran Premio, interviene para que le sea revocado, alegando que políticamente sería muy mal acogido por el gobierno español por tratarse de un artista desafecto al Régimen. Esta información le fue directamente transmitida por el entonces cónsul de España en Alejandría, Enrique López Herce. También a partir de esta fecha comienza a pasar los veranos en la costa malagueña, primero en Torremolinos y a partir de 1964, en su casa-estudio de San Pedro de Alcántara (Málaga).  

José Caballero continúa realizando decorados y montajes teatrales de obras, entre otros, de Manuel de Falla (1876-1946). En 1957, conoce a Pablo Picasso (1881-1973) y a Joan Miró (1893-1983) en Niza (Francia). En 1958, expone  en el Ateneo de Madrid y es invitado a participar en el Pabellón de España de la Exposición Universal de Bruselas (Bélgica). En 1959, Caballero termina los murales para el Cabo San Vicente de la compañía Ybarra, por encargo del arquitecto italiano Gustavo Pulitzer en el viaje inaugural, acompañado por su esposa Maria Fernanda y el escritor José Bergamin (1895-1983). En 1960, José Caballero es premiado en el Concurso Internacional de la Decoración del Gran Teatro de la Ópera de Ginebra (Suiza) e inaugura una exposición individual de su obra en Lausanne (Suiza). Continúa su trabajo, con una etapa de expresionismo no figurativo y materico. Entre 1960 y 1963, la familia Lorca le encarga los decorados para el estreno de Yerma en el Festival de Ambos Mundos de  Spoletto  (Italia), donde obtiene un gran éxito. A continuación será representada en Madrid por primera vez desde la muerte del poeta, con un gran despliegue policial dentro del Teatro Eslava y enorme éxito y expectación, repetido dos años más tarde con el montaje de Bodas de Sangre, en el Teatro Bellas Artes, también en  Madrid. En 1963 expone por primera vez en Estados Unidos, en Washington D.C. En 1964, entra a formar parte de los artistas de la Galería Juana Mordó y participa en la exposición inaugural. Pinta un mural de nueve metros de longitud, para el Gran Hospital de Salamanca Virgen de la Vega, por encargo del arquitecto Fernando Cavestany. Ese mismo año es invitado a participar en el Pabellón de España de la Feria Mundial de Nueva York (EE.UU). Entre 1966 y 1967, viaja por Grecia y Oriente Medio y realiza una gran pintura mural de doce metros de longitud para la Diputación de Huelva, encargo de los arquitectos andaluces Jose Mª Morales Lupiañez y Roberto de Juan. A partir de 1968, las materias y la geometría serán las  protagonistas de sus cuadros: el rombo, la pirámide y el círculo, siendo este último elemento, sobre el  que trabajará con más intensidad. En 1970, se reencuentra con Pablo Neruda en Barcelona y con Rafael Alberti en Roma, quienes escriben sendos poemas para el catálogo de su primera exposición individual en la Galería Juana Mordó de Madrid, a la que continuará ligado y donde seguirá exponiendo durante bastantes años.    

En 1970 inicia la época de los círculos (simples, concéntricos, asociados a otros trazos, con fuentes de color de rojos, azules y ocres), que suponen la máxima síntesis. Y estas figuras geométricas están tratadas internamente valorando mucho la materia, con fuerza y agresividad. En 1971, viaja a París y prepara con Pablo Neruda la edición de bibliografía de su poema Oceana con catorce litografías del artista. En 1972, José Caballero realiza su primera exposición antológica en Huelva, y en 1973, inaugura una gran retrospectiva de su pintura en la Fundación Gulbenkian de Lisboa (Portugal). El eminente crítico de arte francés Michel Tapié se interesa vivamente por su pintura y escribe varios textos sobre ella. En 1974, Rafael Alberti  presenta la exposición del artista en la Galleria L´Indiano de Florencia. En 1975, James Johnson Sweeney (1900–1986), Director del Museo Guggenheim de Nueva York, muestra gran  interés por su obra y la expone en las ciudades de Nueva York, Dallas y Washington (Estados Unidos). Ya en  estos años desaparecen los círculos de su pintura y tras la muerte de Franco, vuelve a participar en exposiciones internacionales, de las que lleva 20 años alejado. En 1976, pinta sus últimos cuadros matéricos y entra en un periodo de búsqueda  y reflexión. En 1977, realiza una retrospectiva en la Sala del Banco de Granada (Fundación Rodríguez-Acosta), con textos de José Manuel Caballero Bonald y del propio artista. Ese mismo año la Galería Multitud de Madrid (hoy desaparecida) organizó una importante exposición antológica y documental, titulada El taller de José Caballero. 1931-1977, que permitió valorar su aporte al arte español de aquellos años.

En 1979, recibe el Gran Premio de la Trienal de Pintura de Sofía (Bulgaria) e inaugura una retrospectiva de su obra en la Galeria Nacional de dicha ciudad. Desde 1980, se siente especialmente atraído por la caligrafía oriental y los signos y grafías que de antiguo figuraban en sus cuadros, pasan de ser elementos accesorios a protagonistas. En 1981, José Caballero viaja a Viena (Austria), como representante español en la conmemoración del MCCC aniversario del Estado búlgaro y, más tarde a Sofia, para inaugurar una gran exposición de Arte Español en la Galeria Nacional de Arte Extranjero, junto a Rafael Canogar (1935), Francisco Farreras (1927), Amadeo Gabino (1922-2004), José Luis Sánchez (1926) y Eusebio Sempere (1923-85). En 1983, viaja de nuevo a Sofía (Bulgaria) junto a Rafael Alberti para participar en encuentros culturales y se presenta en edición de bibliofilia en la galería Rayuela de Madrid, el libro “Al Toro”, con textos de José Bergamin y veinte aguafuertes del artista. En 1984, le es concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas. En 1986, se realiza una exposición retrospectiva en Huelva y se le concede la Medalla de Oro de la Ciudad. En 1988, in Instituto de primera enseñanza de Huelva es nominado con el nombre del artista y la Junta de Andalucía edita una monografía  sobre su obra gráfica en Sevilla. En 1989 viaja a Bulgaria para ser investido Doctor Honoris Causa por el Instituto Superior de Bellas Artes Nicolai Paulovich de Sofía y para inaugurar su exposición antológica de obra gráfica en el Museo Internacional de dicha ciudad. Ese mismo año la Junta de Andalucía le nombra Hijo Predilecto y  el Rey Juan Carlos le entrega la Medalla de Oro a las Bellas Artes. En 1990 recibe el Premio de Artes Plásticas de la Cultura Andaluza, y expone su obra gráfica en la Capilla del Oidor de la Fundación Colegio del Rey de Alcalá de Henares e inaugura su última exposición en vida en la Galería Juan Gris de Madrid. El Ayuntamiento de Madrid le concede la Medalla al Mérito Artístico, falleciendo en dicha ciudad el día 26 de mayo de 1991. José Caballero será inhumado en Alcalá de Henares, donde tuvo su último estudio y sede de la futura Fundación-Museo con su nombre; el Ayuntamiento de esta ciudad, a título póstumo, le nombró Hijo Adoptivo y le otorgó la Medalla de Oro de la Ciudad. Se inaugura su exposición antológica en el Museo de Bellas Artes de Sevilla que posteriormente  itinerará al Hospital Real de Granada y a los Museos de Bellas Artes de Huelva y Málaga.  

Desde su desaparición se han realizado más de cuarenta exposiciones de su obra en Europa y América. En el año 2000 se instituyó el Premio de Grabado que lleva su  nombre en la localidad de Las Rozas (Madrid) y en el 2006 se creó la Fundación Caballero-Thomás de Carranza dedicada a la conservación y promoción de su obra. Su obra se encuentra representada en numerosos museos de Europa y de América y se continúa exponiendo asiduamente dentro y fuera de España. Entre la ilustración y el diseño de importantes decorados, junto con una pintura que se iba haciendo también algo más decorativa pero que mantuvo siempre una intensidad y una calidad irreprochables, transcurre la carrera de un artista dramático al que le tocó vivir en primera persona uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente.

 

 

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