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Entrega número 48
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Rafael Canogar. Biografía

Rafael Canogar. Biografía

Rafael Canogar es un pintor, escultor y grabador español, uno de los principales representantes del arte abstracto en España. Miembro fundador del Grupo El Paso. A diferencia de otros artistas de la misma generación, su obra no se puede clasificar dentro de un estilo determinado, aunque posee unos rasgos que serán constantes a lo largo de su obra: el gesto, la materia y el color. Tres elementos que se presentarán alternativamente dentro de una estética informal, figurativa o abstracta.

Rafael Cano García (Rafael Canogar) nace en Toledo en 1935. Tras pasar su infancia en San Sebastian, antes de instalarse definitivamente en Madrid en 1948, residiría con su familia en diferentes ciudades. De 1949 a 1954, el pintor Daniel Vazquez Diaz le acepta como discipulo, y a la vez acude por las tardes a las clases de dibujo del Circulo de Bellas Artes. La enseñanza de Vázquez Díaz marcaría con su influencia sus primeras obras. Las primeras aproximaciones de Canogar a la práctica pictórica tienen lugar a través de un estilo figurativo, impregnado, pues, de reminiscencias cubistas, en especial por lo que se refiere a la contención y el rigor de la estructura compositiva. Sus primeros lienzos son paisajes, figuras y naturalezas muertas, donde las enseñanzas derivadas del estudio de la tradición conviven con el deseo de descubrir los logros de la vanguardia. Todas estas constantes iniciales de la pintura de Rafael Canogar se manifiestan ya decididamente en su primera exposición individual, celebrada en la Galería Altamira de Madrid en 1954.

Gradualmente Canogar se va orientando a lo que entonces se conocía por pintura moderna, y en 1955, pinta ya cuadros plenamente abstractos con fuerte carga expresiva: unos ritmos que estructuran las manchas y las nerviosas líneas rectas y círculos. Las primeras abstracciones de Rafael Canogar datan del año 1954. Son generalmente composiciones de colorido atrevido y contrastado, en las que, sobre un espacio casi plano, se montan una serie de líneas en parte influenciadas por la estructuración compositiva cubista, y en parte emparentadas con el particular alfabeto plástico utilizado por Paul Klee (1879-1940) durante el periodo de la Bauhaus. 

En 1955 la materia comienza a cobrar mayor protagonismo. En sintonía con el espíritu y la factura de las realizaciones típicas del Tàpies de estos años, la superficie del lienzo pasa a transformarse en un muro, pero a diferencia del pintor catalán, Canogar potencia las decididas grafías que surcan ese muro, llevándolas de lado a lado de la composición y haciéndolas evolucionar en elegantes recorridos. El siguiente paso serán sus arpilleras desgarradas y posteriormente recosidas, e incluso a veces requemadas en algunas zonas. Estas obras, que fueron expuestas en el Ateneo en 1957 y glosadas por José Luis Fernández del Amo, constituyen, según opinión del propio Canogar, auténticos “experimentos” con carácter de ensayo, obligados pasos previos que conducen a las creaciones informalistas surgidas en el contexto del grupo El Paso. Es en este mismo año cuando Canogar entabla relación con el crítico y poeta Manuel Conde. Con él viaja a París e Italia y entra en contacto con las corrientes artísticas del momento. A partir de ahí, su obra se orienta hacia la abstracción informalista.

Que su obra era ya entonces muy considerada entre los artistas más avanzados lo demuestra el hecho de que figura entre los miembros fundadores del grupo El Paso, del cual era el más joven. En febrero de 1957, participó en la fundación de El Paso, grupo que introduce el informalismo en España, junto al escultor Pablo Serrano (1908-85) y a los pintores Antonio Suárez (1923-2013), Juana Francés (1924-90), Manolo Millares (1926-1972), Manuel Rivera (1928-1995), Luis Feito (1929) Y Antonio Saura (1930-98). Junto a estos artistas formaron parte del grupo los críticos de arte José Ayllón y Manolo Conde (director de la Galería Fernando Fe). En 1957, el grupo realiza sus primeras exposiciones en la Librería-Galería Bucholz de Madrid y en Oviedo. En el año 1958 se incorporan al grupo el escultor Martín Chirino (1925) y el pintor Manuel Viola (1916-87).

El Paso defendió, de 1957 y 1960, una estética informal y la apertura de la España franquista a la escena internacional. El informalismo fue especialmente la expresión de la libertad, de lo irrepetible y único, realizado con una caligrafía directa y espontánea. Obras eminentemente intuitivas y pasionales, realizadas con la urgencia que el tiempo, la edad y las teorías reclamaban. El informalismo fue para Canogar algo sustancial y místico, autoafirmación y autorrealización. Pero ese posicionamiento radical no podía, según Canogar, mantenerse indefinidamente sin “academizarse” e insuficiente para comunicar y expresar la tensión de la realidad, de la nueva conciencia social y política que despertaba en el mundo.  

Rafael Canogar abandona definitivamente el informalismo y comienza una etapa basada en la crónica narrativa de la realidad, inspirada en los medios de comunicación, con una clara crítica política a través de imágenes de tumultos y represión. En 1960 participó en la exposición de New Spanish Painting and Sculpture en el Museo de Arte Moderno de Nueva York junto a exponentes de las jóvenes vanguardias españolas. En esta época pinta unas obras muy gestuales en tonalidades ocres, grises, blancos y negros y comienza la serie Personajes con una tímida intención de crítica social. Además introduce en sus obras fragmentos de fotografías de reportajes y gradualmente las formas se van concretando en objetos, rostros y figuras. Fue esta una época de Rafael Canogar muy característica y personal. Se hallaba en consonancia con un mundo que estaba en expansión conflictiva en muchos aspectos.  

De ella derivaría, de manera natural, la época de denuncia social: había bastado con que lo abstracto se hiciera concreto, que los torbellinos y signos gestuales se encarnaran en unas figuras que en cierto modo llevaban implícitas. El tema, en lo fundamental, no cambiaba. Este momento podemos fijarlo en 1964. En sus obras vemos una figura humana que huye, un astronauta, un perro: todo deformado, amenazado, y a caso también amenazante. En lo plástico, la pintura es siempre de una gran violencia, la misma que conocíamos de las explosiones anteriores, ahora “formalizadas”. En los años siguientes aparecerán seres anónimos, de espaldas o sin el rostro visible. Es una muchedumbre, una manifestación a veces, gente acosada, con los rostros borrosos de los habitantes de las ciudades. En todo caso, de una sociedad determinada, opresora y vejada, que muestra en las pinturas de Canogar a sus verdugos y a sus víctimas, y que encuentra en negros y grises los colores idóneos.

Posteriormente, entre 1967 y 1975, estas escenas urbanas adquieren una tercera dimensión y los colores se van reduciendo a la gama de grises y negros. La incorporación de nuevas texturas y materiales le permite su proyección en la realidad del espectador, con referencia explícita e ineludible intento de hacer participar a ese espectador de un drama colectivo. Se trata de “los relieves”, construcciones monocromas a medio camino entre la pintura y la escultura, realizadas a partir de vaciados en materiales como la madera, fibra de vidrio y poliéster. En ellas representa manifestaciones, detenciones, prisioneros y multitudes.

Es en 1967 cuando estos temas encuentran su formulación. Obras como éstas lo hacen merecedor, en 1971, del Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo (Brasil). El realismo se ha ido acentuando, y las figuras terminan por adquirir volumen. Sin cabeza, o sólo ropa y zapatos, nos dan una imagen patética del hombre. En 1965, Rafael Canogar fue invitado en calidad de Profesor Visitante al Mills College de Oakland (California), donde permanece aproximadamente un año impartiendo clases, tarea que compatibiliza con la praxis pictórica y la participación en exposiciones. A partir de 1975, Canogar siente la necesidad de volver de nuevo a la abstracción y a expresarse con medios exclusivamente plásticos. La materia pictórica y la gama cromática se enriquecen llenando de matices la obra. Poco a poco va introduciendo trazos y líneas, formas geométricas que le permiten reordenar la composición. Su obra, está dominada por una cuidada tensión entre gestualidad y geometría. Canogar va incorporando elementos formales de la tradición cubista para pasar poco después a unas pinturas monocromas elaboradas a base de pinceladas entretejidas.  

Desde comienzos de la década de los ochenta, Canogar ha centrado su interés en el tema de los bodegones, Las cabezas de Julio González (1876-1942), escenas urbanas o sociales, combinando planos de color y figuras representativas. En 1982 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas.

A partir de los primeros años noventa, su nueva investigación sobrepasa el concepto de pintura, creando una serie de imágenes basadas en la manipulación del soporte y la puesta en valor de la materia. Canogar inicia el proceso de creación rasgando y dividiendo un material insólito, compuesto por planchas de pasta de celulosa, lino y aglomerantes, elemento que después recompone, tras someterlo a un especial tratamiento de manipulación, en el que juegan un importante papel (como viene ocurriendo a lo largo de toda su trayectoria artística) el color, la estructura y la composición. El resultado son imágenes de una gran potencia plástica, con contornos irregulares y fragmentos superpuestos a manera de collages, que, según palabras del propio Rafael Canogar: “son el reflejo de las fuerzas de oposición constructivo-destructivas consustanciales a la condición humana”. El color resulta fundamental tanto en las sucesivas fases como en el resultado final de estas sólidas estructuras, contribuyendo a resaltar las texturas rugosas y ásperas, al tiempo que organiza la composición contraponiendo zonas cromáticamente muy diferenciadas. Aunque con una intencionalidad diferente, Rafael Canogar recupera en estas creaciones de los últimos años su repertorio cromático básico de los primeros tiempos: el rojo, el negro y el blanco.

Mis cuadros actuales son el resultado de una manipulación con la materia. Planchas que despiezo y rasgo, y que después recompongo. El objeto resultante de esta acción es, además de forma y materia, soporte de elementales imágenes geométricas que, como signos e iconos, liberan un complejo sistema de símbolos que se definen a sí mismos. (…) Mi obra desea dejar reflejada, en su forma de nacimiento, en su génesis, esas dos fuerzas elementales y primarias que siempre han acompañado al hombre: las fuerzas constructivas y las destructivas, o construcción-deconstrucción. Fuerzas opuestas y lucha de contrarios, como parte estructural de mi obra; como realidad del hombre que vive inmerso en sus propias contradicciones.” Rafael Canogar

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