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Entrega número 48
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Arcadi Blasco. Biografía

Arcadi Blasco. Biografía

Arcadi Blasco (Mutxamel. Alicante. 1928 - 2013)  fue un pintor, ceramista y escultor español que en la segunda mitad de la década de los 50 encuentra en la cerámica el material idóneo para la expresión plástica.  

Su formación artística como pintor tiene lugar en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, terminando el curso de profesorado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia en 1953. Ese mismo año en septiembre, se traslada primero a Francia con estancias breves en Marsella, Lyon y París, hasta que llega a Italia, en donde reside becado en la Academia de España en Roma. En Italia vive cerca de dos años. En la Academia de España en Roma conocerá a los pintores José Vento (1925-2005), Ramón Lapayese (1928-94), Manolo Mompó (1927-92) y Lucio Muñoz (1929-98) y al compositor Ataulfo Argenta (1913-58). En Roma tiene su primer contacto con la cerámica a través de la obra de Carlo Zauli (1926-2002) y de Nino Caruso (1928).  

Al regresar a España, realiza sus primeras experiencias cerámicas y se interesa por la cerámica artesanal, llegando a trabajar con el alfarero de Cuenca, Pedro Mercedes. Durante un tiempo alterna su actividad como pintor (lienzo o material cerámico), con la cerámica realizando piezas inspiradas en la alfarería popular. En 1955, Arcadi Blasco instala su primer taller en una nave cedida por el arquitecto Luís Feduchi (1901-75) del edificio a mitad construir del Museo de América situado en la Ciudad Universitaria de Madrid, que compartió con José Luis Sánchez (1926), Jaqueline Canivet y Carmen Perujo (1930), con la que se casaría en 1957; allí realizaría, entre otras obras, muchas de las vidrieras, mosaicos y murales cerámicos destinados, en gran parte, a ornamentar las iglesias que se construyeron por encargo del Instituto de Colonización de los Pueblos de España, colaborando con los arquitectos José Luis Fernández del Amo (1914-95), Ignacio Gárate, Luis Cubillo, Mariano García Benito (1919-2012), Luis Feduchi, Antonio Fernández Alba (1927) y Miguel Fisac (1913-2006), entre otros. El inmenso espacio de este lugar de trabajo para la creatividad también fue utilizado ocasionalmente por pintores como: José Vento, Hernández Mompó (1927-92), Rafael Canogar (1935), Antonio Saura (1930-98), etc. que tenían necesidad de realizar obras de gran formato y no disponían de espacio suficiente en sus estudios. Este taller provisional llegó a convertirse en un lugar de encuentro de artistas de la joven vanguardia madrileña.  

Precisamente, una de las características más destacables de la trayectoria como ceramista de Arcadi Blasco es su participación directa, entre los años 1954 y 1974, en el nuevo acontecer del arte contemporáneo. Efectivamente, Arcadi Blasco -que había mostrado durante los años 1955 y 1956 sus pinturas en exposiciones colectivas como la X Trienal de Milán o la itinerante Arte Joven junto a artistas como Rafael Canogar, Antonio López (1936), Lucio Muñoz, Luis Feito (1929), etc ... - continuó participando a partir de 1959, con obras en cerámica, en exposiciones como Jonge Spaanse Kunts (itinerante por Amsterdam, La Haya, Utrech, Nueva York, Madrid) en las que figuraban importantes pintores, que como él, participaban de la nueva vanguardia. Arcadi Blasco montó un pequeño taller de cerámica en Majadahonda (Madrid), que junto a sus hijos y su mujer la pintora y escultora sevillana Carmen Perujo, duró más de veinte años.

Después de una primer acercamiento directo al trabajo cerámico, que consistió en emplear la superficie de recipientes como soporte de su vocabulario pictórico (realizando obras con cierta carga decorativa), se sentirá enérgicamente atraído por las cualidades y expresividad de esta materia, y como consecuencia nacerán sus Cuadros cerámicos (1956-64). Se trata de pinturas cerámicas inmersas en el informalismo de carácter abstracto y gestual (realizadas sobre plaquetas, que en muchas composiciones serán de distinto tamaño y grosor), en las que los esmaltes de colores son aplicados con la técnica de “dripping” que el autor utiliza para dejar constancia del gesto en el acto pictórico, al tiempo que persigue conseguir determinadas calidades cromáticas y contrastes matéricos. Esta será la última serie que realizará totalmente con esmaltes coloreados, superficies brillantes y fuerte cromatismo. En todos sus ciclos de trabajo posteriores: Objetos idea (1969); Propuestas ornamentales (1969-74), Arquitecturas y Muros para defenderse del miedo (1970-86), Ruinas arqueológicas (1984-86), Ruedas de Molino para comulgar (1985-95), Homenajes (1992-95), las arcillas de distintas tonalidades, los engobes, vidriados –menos frecuentes y muy matizados- y las aplicaciones de óxidos colorantes de tonos terrosos serán –muchas veces sometidos a una cocción reductora-, los materiales protagonistas de sus obras.

En aquel torbellino de búsquedas en que se convirtieron los años 50 para los artistas españoles más inconformistas, Arcadi Blasco indaga en las posibilidades de la materia cerámica y encuentra en la arcilla cocida el medio idóneo con el que realizar en volumen sus últimas investigaciones pictóricas, que confluirían a final de los años 60 en relieves y esculturas de compromiso social y crítica política.  Arcadi Blasco representó a España en la Bienal de Venecia de 1970. 

Este interés por la alfarería popular le lleva a realizar, junto a la especialista en cerámica popular, Natacha Seseña (1931-2011) y la colaboradora de ésta, Margarita Sáez, y al fotógrafo Agustín Rico, un trabajo de campo entre 1979 y 1982 que tenía como finalidad documentar la labor de los alfares supervivientes por aquellos años en Castilla la Nueva. También trabajó durante el verano de 1983 en Colmenar de Oreja (Madrid), en el alfar del tinajero Eugenio Crespo. Todas estas experiencias, junto a la admiración que sentía por la alfarería española contribuyeron a su formación como ceramista e influyeron en su obra. La utilización de la materia cerámica para la expresión plástica también tiene sus condicionantes, uno de los principales es el tamaño que pueden alcanzar las obras si se quiere que éstas sean de una sola pieza. La capacidad del horno, entre otras, es la que marca esta restricción; pero Arcadi Blasco es uno de los ceramistas que mejor ha sabido aprovechar esta limitación, al haber concebido sus creaciones de tal modo que la fragmentación se convierte en una característica formal indisoluble de su producción y lo que le confiere esa proximidad al concepto de construcción arquitectónica. El empleo de una fragmentación muy estudiada le permite realizar obras de grandes dimensiones sin que por ello pierda su particular sintaxis, ya que esta característica está presente en toda su producción, bien físicamente, bien por las líneas, relieves y “rosarios” que, como consecuencia de un barroquismo buscado, pueblan sus composiciones.    

Siempre con un compromiso social muy marcado, la obra de este ceramista es una de las más personales del panorama artístico español, como quedó demostrado plenamente en aquella magnífica exposición que celebró en el Palacio de Cristal de Madrid en 1984 y que él tituló “Muros y arquitecturas para defenderse del Miedo. Restos arqueológicos”. Fue ésta una de sus mejores exposiciones y tal vez la que marcó su apogeo creativo. Después vendrían sus series: Ruedas de molino para comulgar en 1986 y posteriores, y la utilización de fragmentos arqueológicos (con referencias a las culturas que tuvieron una importante presencia en los pueblos mediterráneos) que desembocaría en la exposición Entre Eusebio Sempere y la Dama de Elche, en 1988. En los años 90 ha profundizado en la utilización en una misma obra de distintos materiales, que se combinan sobre una superficie de madera pintada de negro, y donde el dibujo y el color tienen un especial protagonismo como puede apreciarse perfectamente en su serie Homenajes (que dentro del programa de exposiciones Girarte se pudo ver en Albacete, Almansa, Alcira, Requena, Torrent, Villena y Alicante), de cuyas obras la integración de los distintos materiales es especialmente feliz.   

Con su regreso en 1985 a su pueblo de nacimiento (Mutxamel) y la instalación de su taller en una casa de campo de la partida de Bonalba, Alicante recobró un artista en plena madurez que hizo un esfuerzo por activar la cultura alicantina a través de distintas iniciativas, algunas relacionadas con la cerámica y su enseñanza. Trabajador incansable, es la época en la que hace importantes esculturas públicas: Monumento a la Constitución Española, Alicante (1986); Homenaje a la Dama de Elche, Elche (1987); Monumento a la Santa Faz, en la carretera de Alicante a Valencia (1989); Monumento al Pescador, Campello (1989); Puente del Raval, Elx (1990) Homenaje a Eusebio Sempere, Plaza de la Viña, Alicante (1991); Diálogos, Universidad de Alicante (1992); Elogio a la ciudad, Alcorcón (1993); Monumento al marinero, Altea (1993) y últimamente, como resultado del Simposio escultura cerámica, Ponte da cultura, Vila Nova de Cerveira (Portugal, 1998); llevando a cabo el anhelado sueño de realizar sus obras con el tamaño apropiado. No era ésta la primera vez que realizaba esculturas de gran tamaño –recordemos su Homenaje a Castelao, de 1980, en el Centro de Estudios Cerámicos de Sargadelos (Lugo)-, pero es en esta época cuando lleva a cabo el mayor conjunto de proyectos de esta índole, en gran parte de la provincia de Alicante.

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