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Entrega número 48
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Cesar Manrique. Biografía

Cesar Manrique. Biografía

Cesar Manrique (Arrecife, Lanzarote, 1919 – Teguise, Lanzarote, 1992), compaginó su obra con la defensa de los valores medioambientales de Canarias. Buscó la armonía entre el arte y la naturaleza como espacio creativo. Obtuvo, entre otros, el Premio Mundial de Ecología y Turismo y el Premio Europa Nostra.  

Al estallar la Guerra Civil española en 1936, se enroló como voluntario en el bando franquista, sirviendo en el cuerpo de artillería de Ceuta y combatiendo más tarde en distintos frentes peninsulares. Nunca quiso hablar de su atroz experiencia en la guerra, y al regresar a casa en 1939, aún vistiendo el uniforme, se despojó de la ropa, la pisoteó con rabia y le prendió fuego. 

Terminada la guerra, se matriculó en la Universidad de La Laguna para estudiar arquitectura técnica, pero después de dos años abandonó la carrera. Ya en 1942 tiene lugar su primera exposición individual en Arrecife, propiciada por Pepin Ramírez y (este amigo de la infancia se convertiría más tarde en uno de los más prestigiosos políticos que ha dado la isla, posibilitando que César Manrique realizara sus creaciones en Lanzarote), y con el auge del surrealismo en la década de los 50 funda junto con un grupo de artistas afines, crea la vanguardia del arte abstracto y abre la primera galería no figurativa de España, denominada Fernando Fé. Este movimiento artístico nace en una época especialmente difícil apenas 15 años después de finalizada la Guerra Civil.. Durante esa época realizó murales en Lanzarote, como el del Aeropuerto de Guacimeta y el parador de Turismo de Arrecife, y en la península, y expone su trabajo en varios países. En 1945, se traslada a Madrid, gracias a una beca concedida por la Capitanía General de Canarias, para ingresar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando donde se graduó como profesor de arte y pintura en 1950.

Tras terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid (ciudad en la que vivió entre 1945 y 1964), expone con frecuencia su pintura tanto dentro como fuera de España. En 1950, realiza las pinturas murales del Parador de Turismo de Arrecife (Lanzarote). En 1952, realiza varios murales en el Hotel Castellana Hilton de Madrid. En 1953, inicia sus primeras investigaciones de pintura no figurativa y realiza un mural en el Aeropuerto de Guacimeta de Arrecife. Participa en la XXVIII y XXX Bienal de Venecia (1955 y 1960) y en la III Bienal Hispanoamericana de La Habana (1955). En la primera mitad de los cincuenta, se adentra en el arte no figurativo e investiga las cualidades de la materia hasta convertirla en la protagonista esencial de sus composiciones a partir de 1959. 

Viaja por diversas partes del mundo y, en 1964, se traslada a vivir a Nueva York invitado por Nelson Rockefeller, quien había adquirido algunas de sus pinturas. Expuso en Houston y New York, donde la prestigiosa galería Catherine Viviano lo representó en exclusiva durante los próximos cuatro años. El conocimiento directo del expresionismo abstracto americano, del arte pop, la nueva escultura y el arte cinético, le proporcionó una cultura visual fundamental para su trayectoria creativa posterior. En Nueva York, expuso individualmente en tres ocasiones —en 1966, 1967 y 1969— en la galería Catherine Viviano.

En 1966, regresa de manera definitiva a Lanzarote. En la isla, que iniciaba entonces su desarrollo turístico, promueve un modelo de intervención en el territorio en claves de sostenibilidad que procuraba salvaguardar el patrimonio natural y cultural insular; modelo que fue determinante en la declaración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993. Desde finales de los 60 a principios de los noventa, su actividad plástica, siempre matérica y abstracta, sigue caracterizada por la experimentación de la materia, así como la recuperación del color de la etapa de los cincuenta.

A partir de 1973 comienza su estrecha colaboración con el arquitecto Fernando Higueras, quien en 1962 había proyectado la casa de César Manrique en Camorritos, en las afueras de Madrid. Ambos acometen diversos proyectos dentro de la isla lanzaroteña, comenzando por las obras del Mirador del Río. Durante las décadas de los 70 y 80 tiene lugar una importante actividad como creador de espacios perfectamente integrados en el entorno natural. También participó en proyectos en otras islas del archipiélago y otros lugares de España, como el Centro Comercial La Vaguada 1983 en Madrid. En 1988 traslada su residencia a su nueva casa de Haría, construida y decorada por Manrique y publica "Escrito en el fuego". Manrique murió en un accidente de tráfico en Teguise (Lanzarote) el 25 de septiembre de 1992, cerca de la sede de la fundación que lleva su nombre, inaugurada en marzo de ese mismo año. La Fundación, ubicada en la antigua residencia del artista en Taro Tahíche, acoge hoy en día sus obras (esculturas, dibujos, pinturas...) y las de otros artistas. 

Paralelamente al compromiso con el territorio insular, Cesar Manrique abrió su trabajo creativo hacia otras manifestaciones artísticas. Así, elaboró un nuevo ideario estético, al que denominó arte-naturaleza/naturaleza-arte, que pudo concretar en sus obras paisajísticas, un ejemplo singular de arte público en España: Jameos del Agua, su casa de Tahíche —hoy sede de la Fundación César Manrique, Mirador del Río, Jardín de Cactus, etc.

Los trabajos suponen la incorporación de un nuevo plano paisajístico a Lanzarote, producido desde la estética artística, pero también desde una propuesta turística singular que tuvo una incidencia económica notable en la vida insular. Este funcionalismo económico y social del arte de Manrique es inédito en la cultura plástica española. La gramática pictórica genuina de César Manrique cristaliza al calor del espíritu de época. Hacia finales de los años cincuenta, ya se habían perfilado las distintas tendencias “no figurativas, informales o concretas”, esto es, las “tendencias no imitativas”, en lenguaje del momento. El empleo abundante de la sustancia matérica y de nuevos materiales que se integran en la superficie pictórica adquiere un lugar de privilegio en el movimiento de renovación, en consonancia con lo que ocurre en Europa.

La materia determina una línea de trabajo que cuenta con abundantes adeptos dentro de nuestras fronteras y fuera, César Manrique entre ellos. No es de extrañar, en este contexto, la orientación de la presencia española en la XXX Bienal de Venecia, celebrada en 1960, en la que se incluye a Manrique. Luis González Robles, comisario del Pabellón de España, se inclina entonces por el discurso matérico, respondiendo a la actualidad de esta fórmula en las manifestaciones vanguardistas de nuestro país. La obra del artista lanzaroteño, que en 1945 había trasladado su residencia a Madrid, supone un magnífico exponente del estilo de espíritu que caracteriza la época, en esa vertiente concreta.

Además de sus intervenciones en Lanzarote, ideó diferentes propuestas en otras islas —Costa Martiánez, (Puerto de la Cruz, Tenerife); Mirador de El Palmarejo (La Gomera); Mirador de La Peña (El Hierro)—. Fuera del archipiélago canario, diseñó el Parque Marítimo del Mediterráneo (Ceuta), el Centro comercial Madrid-2 La Vaguada (Madrid), etc. Son intervenciones, obra pública fundamentalmente, —miradores, jardines, acondicionamientos de espacios degradados, reformas del litoral...—, en las que se mantiene un diálogo respetuoso con el medio natural, integra diversas artes desde una perspectiva funcional, y se ponen en relación valores arquitectónicos de la tradición local con concepciones modernas.  

Cultivador de diversos lenguajes creativos —pintura, escultura, urbanismo, arte público...— subyace en el conjunto de su producción artística una manifiesta voluntad de integración con el entorno. Propósito sincrético y totalizador —arte total, en sus palabras— que hizo explícito en sus diseños de espacios públicos. Un esfuerzo de armonización, en definitiva, que no sólo hace referencia a su pasión por la belleza, sino también por la vida.

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