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Entrega número 48
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Francisco Bores. Biografía

Francisco Bores. Biografía

Francisco BORES LÓPEZ, Francisco (Madrid, 1898 – París, 1972), se formó en la academia de pintura de Cecilio Pla, donde conoció a Pancho Cossío, Manuel Ángeles Ortiz y Joaquín Peinado, entre otros. Asimismo, frecuentó las tertulias literarias madrileñas afines al ultraísmo. En esta época realiza grabados para un gran número de revistas, como “Horizonte” o “Revista de Occidente”, y asiste a la Academia Libre de Julio Moisés, donde coincide con Dalí y Benjamín Palencia. En 1922 participa por vez primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y tres años más tarde mostrará su obra en la primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, pero la falta de interés del público madrileño por el arte joven le impulsa a marcharse a París. En la capital francesa entra en contacto con Picasso y Juan Gris, y debuta individualmente en 1927, contratado por la galería Percier. Por estos años, y a través de su amistad con Picasso, comienzan sus relaciones con el crítico de arte Tériade, quien le dedica un extenso artículo en “Cahiers d’Art”. Se inicia en este momento el despegue de su carrera artística. En 1929 participa en la muestra “Pintores y escultores españoles residentes en París”, celebrada en el Jardín Botánico de Madrid. También por esta época colabora en revistas de vanguardia como “Litoral”, “La Bête Noire”, “Martín Fierro”, etc. En 1931 realiza una exposición individual en la galería Georges Bernheim de París, y al mismo tiempo firma un contrato con el galerista suizo Max Esiherberger. En 1932 y 1933 expone en la galería Vavin-Raspail de París, coincidiendo con la aparición de la primera monografía sobre su pintura. A mediados de la década de los treinta es contratado por la galería Zwemmer de Londres, donde celebra una muestra individual. Su obra se ve influida por el cubismo de Picasso y, en ocasiones, por el surrealismo y la abstracción. Francisco Bores llegó a ser un maestro en el uso del color, cuya aplicación sigue a veces criterios abstractos, hasta tal punto que sustituye al dibujo o a la línea a la hora de definir los objetos, las figuras y el espacio en el que se insertan. Existe además en su lenguaje una clara tendencia a la experimentación del color, que le lleva a mimar los semitonos cromáticos. En el periodo de los años treinta, el propio Bores definía su pintura como “lirismo y sensualidad […] dentro de una composición organizada en pos de una síntesis análoga a la impresión que produce un solo instante visual”. Tras la Segunda Guerra Mundial Bores reanuda su actividad expositiva, y en 1947 el Estado francés adquiere, por primera vez, una obra suya. En 1949 será el Museo de Arte Moderno de Nueva York el que compre sus cuadros.
En la década de los cincuenta continúa exhibiendo sus obras en múltiples galerías europeas. A partir de esos años, Bores ya no elige un solo registro poético, lírico y abstracto para expresar su interpretación de la realidad, sino que alterna diferentes visiones de los objetos, que define con la fuerza del color y con la bidimensionalidad. Así sucede en este bodegón, construido a partir de formas geométricas y diversas tonalidades de verde.
En 1969 expone en la Galería Theo de Madrid, lo que supone su aproximación al público español que, prácticamente, desconocía su obra salvo en los círculos profesionales donde, en cambio, era muy apreciada. En 1971 vuelve a exponer en esta misma Galería Theo, falleciendo en París en 1972. Francisco Bores está representado en los museos más destacados de todo el mundo, entre los que cabe señalar el Centro Georges Pompidou en París, los de Bellas Artes de Bilbao, Buenos Aires, Jerusalén, Gotemborg y Baltimore, el MOMA de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, las Galerías Nacionales de Atenas, Brno y Edimburgo, el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y los de Arte Moderno de Estocolmo, Turín y Madrid.

 

Francisco Bores se formó en la academia de pintura de Cecilio Pla, donde conoció a Pancho Cossío, Manuel Ángeles Ortiz y Joaquín Peinado, entre otros. Asimismo, frecuentó las tertulias literarias madrileñas afines al ultraísmo. En esta época realiza grabados para un gran número de revistas, como “Horizonte” o “Revista de Occidente”, y asiste a la Academia Libre de Julio Moisés, donde coincide con Dalí y Benjamín Palencia. En 1922 participa por vez primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y tres años más tarde mostrará su obra en la primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, pero la falta de interés del público madrileño por el arte joven le impulsa a marcharse a París. En la capital francesa entra en contacto con Picasso y Juan Gris, y debuta individualmente en 1927, contratado por la galería Percier. Por estos años, y a través de su amistad con Picasso, comienzan sus relaciones con el crítico de arte Tériade, quien le dedica un extenso artículo en “Cahiers d’Art”. Se inicia en este momento el despegue de su carrera artística. En 1929 participa en la muestra “Pintores y escultores españoles residentes en París”, celebrada en el Jardín Botánico de Madrid. También por esta época colabora en revistas de vanguardia como “Litoral”, “La Bête Noire”, “Martín Fierro”, etc. En 1931 realiza una exposición individual en la galería Georges Bernheim de París, y al mismo tiempo firma un contrato con el galerista suizo Max Esiherberger. En 1932 y 1933 expone en la galería Vavin-Raspail de París, coincidiendo con la aparición de la primera monografía sobre su pintura. A mediados de la década de los treinta es contratado por la galería Zwemmer de Londres, donde celebra una muestra individual. Su obra se ve influida por el cubismo de Picasso y, en ocasiones, por el surrealismo y la abstracción. Francisco Bores llegó a ser un maestro en el uso del color, cuya aplicación sigue a veces criterios abstractos, hasta tal punto que sustituye al dibujo o a la línea a la hora de definir los objetos, las figuras y el espacio en el que se insertan. Existe además en su lenguaje una clara tendencia a la experimentación del color, que le lleva a mimar los semitonos cromáticos. En el periodo de los años treinta, el propio Bores definía su pintura como “lirismo y sensualidad […] dentro de una composición organizada en pos de una síntesis análoga a la impresión que produce un solo instante visual”. Tras la Segunda Guerra Mundial Bores reanuda su actividad expositiva, y en 1947 el Estado francés adquiere, por primera vez, una obra suya. En 1949 será el Museo de Arte Moderno de Nueva York el que compre sus cuadros.
En la década de los cincuenta continúa exhibiendo sus obras en múltiples galerías europeas. A partir de esos años, Bores ya no elige un solo registro poético, lírico y abstracto para expresar su interpretación de la realidad, sino que alterna diferentes visiones de los objetos, que define con la fuerza del color y con la bidimensionalidad. Así sucede en este bodegón, construido a partir de formas geométricas y diversas tonalidades de verde.
En 1969 expone en la Galería Theo de Madrid, lo que supone su aproximación al público español que, prácticamente, desconocía su obra salvo en los círculos profesionales donde, en cambio, era muy apreciada. En 1971 vuelve a exponer en esta misma Galería Theo, falleciendo en París en 1972. Francisco Bores está representado en los museos más destacados de todo el mundo, entre los que cabe señalar el Centro Georges Pompidou en París, los de Bellas Artes de Bilbao, Buenos Aires, Jerusalén, Gotemborg y Baltimore, el MOMA de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, las Galerías Nacionales de Atenas, Brno y Edimburgo, el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y los de Arte Moderno de Estocolmo, Turín y Madrid.
Francisco Bores se formó en la academia de pintura de Cecilio Pla, donde conoció a Pancho Cossío, Manuel Ángeles Ortiz y Joaquín Peinado, entre otros. Asimismo, frecuentó las tertulias literarias madrileñas afines al ultraísmo. En esta época realiza grabados para un gran número de revistas, como “Horizonte” o “Revista de Occidente”, y asiste a la Academia Libre de Julio Moisés, donde coincide con Dalí y Benjamín Palencia. En 1922 participa por vez primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y tres años más tarde mostrará su obra en la primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, pero la falta de interés del público madrileño por el arte joven le impulsa a marcharse a París. En la capital francesa entra en contacto con Picasso y Juan Gris, y debuta individualmente en 1927, contratado por la galería Percier. Por estos años, y a través de su amistad con Picasso, comienzan sus relaciones con el crítico de arte Tériade, quien le dedica un extenso artículo en “Cahiers d’Art”. Se inicia en este momento el despegue de su carrera artística. En 1929 participa en la muestra “Pintores y escultores españoles residentes en París”, celebrada en el Jardín Botánico de Madrid. También por esta época colabora en revistas de vanguardia como “Litoral”, “La Bête Noire”, “Martín Fierro”, etc. En 1931 realiza una exposición individual en la galería Georges Bernheim de París, y al mismo tiempo firma un contrato con el galerista suizo Max Esiherberger. En 1932 y 1933 expone en la galería Vavin-Raspail de París, coincidiendo con la aparición de la primera monografía sobre su pintura. A mediados de la década de los treinta es contratado por la galería Zwemmer de Londres, donde celebra una muestra individual. Su obra se ve influida por el cubismo de Picasso y, en ocasiones, por el surrealismo y la abstracción. Francisco Bores llegó a ser un maestro en el uso del color, cuya aplicación sigue a veces criterios abstractos, hasta tal punto que sustituye al dibujo o a la línea a la hora de definir los objetos, las figuras y el espacio en el que se insertan. Existe además en su lenguaje una clara tendencia a la experimentación del color, que le lleva a mimar los semitonos cromáticos. En el periodo de los años treinta, el propio Bores definía su pintura como “lirismo y sensualidad […] dentro de una composición organizada en pos de una síntesis análoga a la impresión que produce un solo instante visual”. Tras la Segunda Guerra Mundial Bores reanuda su actividad expositiva, y en 1947 el Estado francés adquiere, por primera vez, una obra suya. En 1949 será el Museo de Arte Moderno de Nueva York el que compre sus cuadros.
En la década de los cincuenta continúa exhibiendo sus obras en múltiples galerías europeas. A partir de esos años, Bores ya no elige un solo registro poético, lírico y abstracto para expresar su interpretación de la realidad, sino que alterna diferentes visiones de los objetos, que define con la fuerza del color y con la bidimensionalidad. Así sucede en este bodegón, construido a partir de formas geométricas y diversas tonalidades de verde.
En 1969 expone en la Galería Theo de Madrid, lo que supone su aproximación al público español que, prácticamente, desconocía su obra salvo en los círculos profesionales donde, en cambio, era muy apreciada. En 1971 vuelve a exponer en esta misma Galería Theo, falleciendo en París en 1972. Francisco Bores está representado en los museos más destacados de todo el mundo, entre los que cabe señalar el Centro Georges Pompidou en París, los de Bellas Artes de Bilbao, Buenos Aires, Jerusalén, Gotemborg y Baltimore, el MOMA de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, las Galerías Nacionales de Atenas, Brno y Edimburgo, el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y los de Arte Moderno de Estocolmo, Turín y Madrid.
Francisco Bores se formó en la academia de pintura de Cecilio Pla, donde conoció a Pancho Cossío, Manuel Ángeles Ortiz y Joaquín Peinado, entre otros. Asimismo, frecuentó las tertulias literarias madrileñas afines al ultraísmo. En esta época realiza grabados para un gran número de revistas, como “Horizonte” o “Revista de Occidente”, y asiste a la Academia Libre de Julio Moisés, donde coincide con Dalí y Benjamín Palencia. En 1922 participa por vez primera en la Exposición Nacional de Bellas Artes, y tres años más tarde mostrará su obra en la primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, pero la falta de interés del público madrileño por el arte joven le impulsa a marcharse a París. En la capital francesa entra en contacto con Picasso y Juan Gris, y debuta individualmente en 1927, contratado por la galería Percier. Por estos años, y a través de su amistad con Picasso, comienzan sus relaciones con el crítico de arte Tériade, quien le dedica un extenso artículo en “Cahiers d’Art”. Se inicia en este momento el despegue de su carrera artística. En 1929 participa en la muestra “Pintores y escultores españoles residentes en París”, celebrada en el Jardín Botánico de Madrid. También por esta época colabora en revistas de vanguardia como “Litoral”, “La Bête Noire”, “Martín Fierro”, etc. En 1931 realiza una exposición individual en la galería Georges Bernheim de París, y al mismo tiempo firma un contrato con el galerista suizo Max Esiherberger. En 1932 y 1933 expone en la galería Vavin-Raspail de París, coincidiendo con la aparición de la primera monografía sobre su pintura. A mediados de la década de los treinta es contratado por la galería Zwemmer de Londres, donde celebra una muestra individual. Su obra se ve influida por el cubismo de Picasso y, en ocasiones, por el surrealismo y la abstracción. Francisco Bores llegó a ser un maestro en el uso del color, cuya aplicación sigue a veces criterios abstractos, hasta tal punto que sustituye al dibujo o a la línea a la hora de definir los objetos, las figuras y el espacio en el que se insertan. Existe además en su lenguaje una clara tendencia a la experimentación del color, que le lleva a mimar los semitonos cromáticos. En el periodo de los años treinta, el propio Bores definía su pintura como “lirismo y sensualidad […] dentro de una composición organizada en pos de una síntesis análoga a la impresión que produce un solo instante visual”. Tras la Segunda Guerra Mundial Bores reanuda su actividad expositiva, y en 1947 el Estado francés adquiere, por primera vez, una obra suya. En 1949 será el Museo de Arte Moderno de Nueva York el que compre sus cuadros.
En la década de los cincuenta continúa exhibiendo sus obras en múltiples galerías europeas. A partir de esos años, Bores ya no elige un solo registro poético, lírico y abstracto para expresar su interpretación de la realidad, sino que alterna diferentes visiones de los objetos, que define con la fuerza del color y con la bidimensionalidad. Así sucede en este bodegón, construido a partir de formas geométricas y diversas tonalidades de verde.
En 1969 expone en la Galería Theo de Madrid, lo que supone su aproximación al público español que, prácticamente, desconocía su obra salvo en los círculos profesionales donde, en cambio, era muy apreciada. En 1971 vuelve a exponer en esta misma Galería Theo, falleciendo en París en 1972. Francisco Bores está representado en los museos más destacados de todo el mundo, entre los que cabe señalar el Centro Georges Pompidou en París, los de Bellas Artes de Bilbao, Buenos Aires, Jerusalén, Gotemborg y Baltimore, el MOMA de Nueva York, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, las Galerías Nacionales de Atenas, Brno y Edimburgo, el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y los de Arte Moderno de Estocolmo, Turín y Madrid.

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