Leyendo cuadros. Mirando historias


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Entrega número 48
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Entrega 011. Vicente Vela. El Molino

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Leyendo cuadros. Mirando historias. 

11ª entrega

 

 

 

 

 

El Molino.

Vicente Vela. 2004.

leyendo cuadros mirando historias. coleccion ars citerior. vicente vela.el molino

(imagen gentileza del artista)

 

En el molino se había instalado la última generación de máquinas para modificar diariamente a centenares de humanos, con el objetivo de crear todas las posibles similitudes entre ellos, no sólo las biológicas, sino también las psíquicas. Se intentaba inculcar a todos los nuevos valores: conversaciones superfluas, pérdida  de las relaciones familiares, seguimiento de los deportes de masas, cuerpos gimnásticos y delirio por la adquisición de artículos que mejorasen el aspecto externo; teniendo como fin principal la diversión en las noches de  los viernes y sábados y ocio hasta la extenuación, gracias a la ingestión de sustancias estimulantes. Para el resto de la semana, antidepresivos. Todo ello para obtener el mayor reconocimiento de los demás miembros que conformaban el grupo.

Los grandes poderes de esa sociedad desarrollada habían pensado y decidido que lo mejor para todos era instaurar un sistema de presión estructurado, imprescindible e incuestionable. De este modo, el resto de los seres que componían dicha sociedad gris y homogénea vivirían tranquilos, pues no tendrían la necesidad de  preocuparse por nada. Para eso estaban las autoridades civiles y judiciales. Ellas administraban el poder y colocaban a los suyos en todos los cargos de confianza en las diferentes secciones. Nada estaba fuera de control. Poco a poco, los nuevos humanos dejaron de pensar como individuos. La rueda del molino estaba bien engranada y giraba correctamente, sin tropiezos. Así, el fin de la individualidad fue llegando y ya nadie dudaba de que las autoridades eran necesarias.

Javier Martín


Comentario

Hay personas que se creen imprescindibles para su familia y allegados y piensan que nada funcionaría si ellos no estuvieran. Nada más lejos de la realidad. De hecho, cuando uno desaparece los de su entorno van poco a poco modelando sus vidas y adaptándose a una nueva situación, aunque nunca será como la anterior. A este grupo pertenecen la mayoría de los que transitamos por la calle.

Pero hay personas que esta creencia de imprescindibles la llevan a un plano más amplio, superior según ellos. A este grupo pertenecen aquellos que ostentando altos cargos en nuestra sociedad, creen que son insustituibles, que nada puede funcionar bien si no están ellos presentes, y que por ende todos estamos obligados a seguir sus directrices. Todos bajo un mismo pensamiento, una única verdad -la suya-, y un único poder. Los que así piensan no solo están equivocados, sino que pueden llegar a ser un peligro para la sociedad.

F.S.

Filósofo


 

 

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