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Entrega número 48
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Encast determinant. Jaume Rocamora

Jaume Rocamora: "Encast determinant".

Centre Ovidi Monitor: “Encast determinant. Jaume Rocamora”, Alcoy, Alicante, 2011.

Texo catálogo

Jaume Rocamora

(Tortosa, 1946)

“Pensar es geometrizar” (Joaquín Torres García)

La Abstracción geométrica no ha gozado de mucha fortuna en un país como el nuestro, ni a nivel institucional ni de público en general, atraídos en un primer momento por la gestualidad con ausencia del color, y pasando a ser más tarde devotos de un expresionismo colorista.

Los planteamientos y propuestas artísticas que darán lugar al arte geométrico o constructivo, están vinculados a una de las principales vanguardias históricas, con referentes comunes como Mondrian, Van Doesburg o Gabo.

Estas primeras manifestaciones las podemos buscar en los postulados del Suprematismo de Kasimir Malevich, que ya en 1913 sostenía que la pintura  debía ser exclusivamente el resultado de los elementos geométricos, para reflejar, no sólo la esencia material del mundo hecho por el hombre, sino también su anhelo de acercarse al misterio inexplicable del universo.

Es un arte de signo clásico, reflexivo, desapasionado, que no intenta representar nada y cuyo fin es la orientación del espacio utilizando para ello la geometría. Esta obra, de una coherencia interna impecable, no ha contado aún con el reconocimiento que su calidad reclama.

Nombres de constructivistas españoles como Luís Caruncho, Carlos Evangelista, José Luís Gómez Perales, José María Iglesias, Iñaqui Ruíz de Eguino y  el propio Jaume Rocamora, han aportado sus investigaciones en el desarrollo de esta línea plástica, con seguidores incondicionales entre los que me incluyo.

La obra de Rocamora ya formaba parte de mis imágenes mucho antes de conocerle personalmente. Sus piezas realizadas en cartón estaban desde hacía tiempo entre ese conjunto de impresiones plásticas que  llaman nuestra atención y por eso las vamos incorporando y clasificándolas tanto en nuestro consciente como en el subconsciente.

En ocasiones, al ver un nuevo cuadro vamos recordando toda la serie  de imágenes similares-familiares, que como un hilo de Ariadna nos van reconstruyendo el cosmos formado por  las obras que caracterizan ese mundo, que en el caso de Jaime Rocamora es el universo del arte geométrico, concreto o normativo, términos que definen una manera de pintar y concebir el arte.

Las dos primeras obras que recuerdo de Jaume fueron, una la donada por el pintor al Museo de Arte Contemporáneo de Villafames, espacio inaugurado a principios de los setenta, pionero, junto con el museo fundado por Fernando Zóbel en 1964 en la ciudad de Cuenca, en hacer llegar un aire fresco y vivo al ambiente cultural de aquel momento. La otra corresponde a una obra gráfica de 1980 que el autor regaló a Eusebio Sempere, acompañada de una carta llena de ánimos y esperanzas en unos momentos difíciles para el artista de Onil.

Sería a partir de 2002 cuando mi correspondencia con nuestro artista, introductor en nuestro ámbito de la pasta de celulosa como instrumento plástico geometrizante, sería continua y fluida. Su participación en Elche en 2004 en la exposición “El collage, un encuentro”, y en 2005 en Alicante en la muestra “Sempere entre amics”,  harían que siempre compartiésemos noticias y posibles propuestas expositivas, como la que me lleva hoy a escribir este texto.

En un principio, podríamos definir su obra como geométrica pura, gracias al uso de las líneas rectas y la superposición de espacios, con una repetición insistente de elementos sucesivos que funciona como catalizadora del ritmo intrínseco de la obra. Siguiendo a constructivistas rusos como Gabo, Rocamora utiliza, como hemos apuntado anteriormente, la pasta de celulosa, material industrial que desde su juventud tenía a mano por la proximidad a una fábrica de cartones. También observamos en sus obras un orden de formas que es capaz de realizar la compartimentación del propio espacio, sabiendo combinarlo con una extrema economía de medios ya que durante muchos años no llegó a hacer uso ni del color.

Rocamora ha ido investigando continuamente, planteando nuevas propuestas en el formato y en la presentación de la misma. La evolución plástica de Jaume Rocamora revela el presentimiento de que a partir de lo geométrico se puede dinamizar la propia concepción de la pintura, no ausente de cierto lirismo cuando aplica el color a uno de los espacios de la obra. Dignas de mención son las composiciones de la “Serie Iris”, realizada en 2003.

En la construcción de la obra de Rocamora se pierde la bidimensionalidad, para introducirse en la volumetría de unas piezas llenas de método y rigor. El artista corta y pega la materia porosa, dándole textura de material superpuesto, consiguiendo una construcción de luces y sombras; ése es el juego al que nos invita el autor.

En la presente exposición en el Centre Ovidi Montllor, observaremos cómo la obra de Jaume Rocamora , como en tantas otras veces, está en comunicación con el espacio que le circunda; la obra concebida con formas geométricas, lineales y planas se abre por todas partes hacia dicho espacio; nos presenta unas piezas en las que debemos valorar simultáneamente tres conceptos: espacio, tiempo y luz.

 

 Javier B. Martín

Septiembre 2010

 

La Cana

 

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