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Entrega número 48
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La sombra de Oteiza en el arte español de los años cincuenta

La sombra de Oteiza en el arte español de los años cincuenta

Exposición: La sombra de Oteiza en el arte español de los años cincuenta.

Organización y Producción: Museo Oteiza en colaboración con Ibercaja

Comisariado: Alfonso de la Torre

Fechas:

Museo Oteiza  del 13 de noviembre de 2009 al 21 de marzo de 2010

Sala Patio de La Infanta de Ibercaja, Zaragoza, del 16 de abril al 27 de junio de 2010.

Si en lo informal, el desgarro de las torsiones resecas de las sargas, negras y sanguinolentas, de los homúnculos millarescos, son la expresiva representación del pesimismo existencial que invade tempranamente el arte de los años cincuenta, lo analítico tiene en Oteiza el ejemplo de la fértil indagación sobre el vacío, del espacio absoluto como trascendente y positivo paradigma del vacío existencial del alma humana. La exposición La sombra de Oteiza en el arte español de los años cincuenta, propone ahora un recorrido transversal en el periodo de sinergias sucedido en torno a Oteiza desde 1948 hasta más allá de la década de los cincuenta, en relación  y confrontación estética y encuentro formal y afectivo con los artistas clave de la renovación artística de los años cincuenta.

Producida por el Museo Oteiza en colaboración con Ibercaja, esta exposición, comisariada por Alfonso de la Torre, se mostrará tanto en el Museo de Alzuza (del 13 de noviembre de 2009 al 21 de marzo de 2010) como en la Sala Patio de La Infanta de Ibercaja, Zaragoza (del 16 de abril al 27 de junio de 2010). La muestra presenta un total de 48 obras de Oteiza y de artistas como Angel Ferrant, Eduardo Chillida, Néstor Basterretxea,, “Equipo 57”, Manolo Gil, Andreu Alfaro, Vicente Castellano, Salvador Montesa, José María de Labra, además de Manolo Millares, Leandre  Cristòfol, Remigio Mendiburu, Manuel Rivera, Pablo Serrano, Fermín Aguayo, Manuel Calvo, Francisco Farreras, Eloy Giménez Laguardia, Santiago Lagunas, Pablo Palazuelo, Gerardo Rueda y Eusebio Sempere, Rafael Canogar, Luis Feito o César Manrique. La exposición se completa con la presencia de numerosa documentación, un conjunto de correspondencia inédita de Jorge Oteiza y la proyección de una selección de noticias del NO-DO referidas a eventos plásticos celebrados en los años cincuenta.

El complejo proceso de indagación abstracta, propuesto temprano por Oteiza en la década de los cincuenta, se convertirá en un ejemplo, anómalo y fértil, en el panorama esos años, tan dado a la alharaca del manifiesto inmediatamente frustrado. El artista vasco, que desarrolla el grueso de su obra en esta década y que se alzó en 1957 con el Gran Premio de Escultura de la Bienal de Sao Paulo, rechaza, enérgica y taxativamente, la queja existencial extendida en el pensamiento de esta época, se opone a la querencia por esa “especie de destrucción que se advierte en el lenguaje artístico actual y urge a los creadores a la responsabilidad artística y a “las preocupaciones internas del arte”. El artista, defiende así que el arte es, antes que nada, una revelación acuciante. Revelación con mayúscula: el arte es necesario existencialmente para el hombre.

Esta exposición recorre,  a través de tres capítulos (“Preámbulo”, “Confluencias” y “Contexto”) el contexto común y de sinergias en el que Oteiza desarrolla su estética y sobre el que se proyectan encuentros e  influencias, marcados todos ellos por una clara voluntad de renovación formal. El primero de ellos, “Preámbulo”, parte de la admiración de Oteiza  por Angel Ferrant, del que se exhiben cuatro obras. El artista vasco se situaba plenamente en su tiempo, una vez más, pues Ferrant era una de las admiraciones de los briosos jóvenes pintores de los cincuenta y referente moral de las nuevas generaciones.

“Confluencias”, por su parte, refiere ciertos encuentros de Oteiza con artistas de los años cincuenta: influencias, propuestas, correspondencia y flujo de ideas encarnados en las obras de Basterretxea, Chillida, “Equipo 57”, Manolo Gil, artistas de “Parpalló” o Manolo Millares.

El capítulo de “Contexto”, finalmente, evoca algo del mundo artístico más próximo a Jorge Oteiza.   Proximidad que no siempre es estilística sino, también, en algunos casos, de tipo personal.  Afecto o animadversión: Cristòfol, Mendiburu, Rivera o Serrano. Se relata en este capítulo la importancia de opciones próximas al arte normativo,  aunque no se relacionasen con el artista vasco, como  Aguayo, Calvo, Farreras, Laguardia, Lagunas, Palazuelo, Rueda y Sempere.   También se hace mención a la obra de ciertos creadores que, de un modo previo a su paso por el informalismo, tuvieron un período calificado como “La tentación constructiva”,  ejemplificado en los casos de Canogar, Feito o Manrique.

Las obras presentes en esta exposición proceden de numerosos prestadores privados, así como de instituciones como el Museo Patio Herreriano de Valladolid, IVAM-Instituto Valenciano de Arte Moderno, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Artium, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Museo de bellas Artes de Córdoba, Museo Víctor Balaguer, museo Municipal de Arte contemporáneo de Madrid, Museu d’art Jaume Morera, Fundación Caja Duero, Centro Cultural Gaya Nuño, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Fundación Santillana o la Fundación Palazuelo, entre otros.

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