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Entrega número 48
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Entrevista 10+UNA a Marie Claire DECAY

Entrevista 10+UNA a Marie Claire DECAY

Por Javier Martín

 

entrevista 10 + una.marie claire decay

Marie Claire Decay Cartier

(Marsella, 1933)

 

Casada con el pintor Salvador Victoria (1928-1994), compartió durante treinta y siete años una trayectoria vital y artística con uno de los pintores abstractos que ayudaron a cambiar el panorama de nuestro país en la segunda mitad del siglo pasado. Tras la muerte de Victoria, Marie Claire Decay decidió llevar a cabo uno de los últimos proyectos del pintor: poner en marcha el Museo Salvador Victoria en Rubielos de Mora, villa que le vio nacer, dicho deseo vio la luz en 2003 gracias a los esfuerzos de Marie Claire y el apoyo incondicional de Ángel Gracia, alcalde de Rubielos.

En la actualidad la Colección Permanente del museo está formada por  pinturas realizadas durante cuatro décadas por Salvador Victoria y con obras de amigos y coetáneos: Antonio Saura, Amadeo Gabino, Eduardo Sanz, Egon Nicolaus, Manuel Millares, Arcadio Blasco, Rafael Muyor, Julio López Hernández, Diego Arribas, Elena Colmeiro, Rafael Canogar, Martin Chirino, Luis Caruncho, José Ortega,  Manuel Rivera, Lucio Muñoz, Amalia Avia, Luis Feito, José Mª Iglesias, Pablo Serrano, Gonzalo Torné, Enrique Trullenque, José Orus, José Luis Lasala, Julia Dorado,  Gerardo Rueda, Francisco Farreras, Francisco Echauz, Jafa T. Kaki, Vicente Pascual, Gabriel Fuertes,  Eusebio Sempere, José Caballero, Manuel Mompó, Joaquin Ramo, José Luis Gómez Perales, José Luis Sanchez, José Vento, Juan Genovés, Victor Zarza, Antoni Tàpies y, por último, Julián Casado, Eduardo Arenillas y Eduardo Chillida, autores de las tres últimas obras incorporadas a la colección gracias a las donaciones realizadas por ellos mismos en el caso dos los primeros y de su familia en el caso de Chillida.

 

1. ¿Qué actividades llevaban los pintores en el colegio de España cuando usted conoció a Salvador Victoria? ¿Cómo era la relación entre ellos? ¿Había grupos claramente diferenciados?

Salvador, como todos  sus compañeros de esta época que residían  en el Colegio de  España de la Ciudad Universitaria del Boulevard Jourdan, desplegaba una actividad muy intensa. En efecto estos artistas  compartían el mismo objetivo: dedicarse a su profesión y vivir de ella. “Sin embargo, fueron muy pocos los que lo consiguieron… La mayoría de los pintores españoles que vivían en París se mantenían mediante trabajos eventuales muy variados... a veces los más absurdos para un artista: todo un Eusebio Sempere iluminaba tarjetitas de felicitación de Navidad. Un Joaquín Ramo, como tantos otros, se había convertido en un “verdadero oficial de brocha gorda”, escribía Salvador  en su tesis “El informalismo español fuera de España” publicada en la Biblioteca Aragonesa de Cultura en el año 2001. Por su parte, Salvador y Doro Balaguer se ganaban la vida, que es un decir, con el “ramassage des papiers” (recogida de papeles, especialmente periódicos) o como empleados en un almacén de telas al por mayor cerca de la Porte Saint Denis, o sea, lejísimos de la Ciudad Universitaria! Pero, a pesar de los pesares, su actividad principal era pintar, pintar y pintar para exponer en París, lo que sí consiguieron no solamente en el Colegio de España, o en el Pabellón Internacional de la “Cité”,  sino también en varias galerías de la “Rive Gauche”. Esta actividad  frenética no les impedía visitar un gran número de exposiciones en un París muy de vanguardia en los años cincuenta,  ir al cine donde descubrían las películas prohibidas en España, ir a conciertos y discutir de política en un café al lado del metro Ciudad Universitaria.

En cuanto a las relaciones entre ellos, eran muy buenas: solidarios frente a las dificultades económicas y unitarios frente al régimen franquista. En estos años 1957-1958, no recuerdo a ningún pintor figurativo en el Colegio. Imperaba el informalismo, al que se adscribía la obra de Salvador, pero uno de sus mejores amigos, el entrañable Eusebio Sempere, era constructivista, y puedo asegurar que se admiraban recíprocamente.  Realmente no habían formado ningún grupo diferenciado. Pretendían aportar algo nuevo, creían en el arte, sencillamente. 

 

2. ¿Con que artistas españoles entabló amistad en esos años en París?

Me presentaron a Salvador en la inauguración de la exposición “Jeunes peintres espagnols” en el Colegio de España el 14 de junio de 1957. Pero empecé a salir con él en el otoño siguiente y por lo tanto conocí a sus compañeros  del curso 1957-58. Tenían unos años más que la mayoría de los residentes de la Ciudad Universitaria, en gran parte a causa de la Guerra Civil. Me di cuenta en seguida de que también eran más serios y más maduros, en definitiva, mucho más interesantes.

Hablo del valenciano Doro Balaguer que acompañó  a Salvador en su aventura parisina y compartió con él un estudio en la calle Henri Barbusse antes de su instalación en el Colegio; del soñador santanderino Enrique Gran (1928-1999); de Eusebio Sempere (1923-1985), que precedió a Salvador en París e intervino en su favor para que se le concediera residencia en el Colegio de España; de su paisano turolense Abel Martín (1931-1993); de Joaquín Ramo, el más parisino de todos; del catalán Edo, que nos regaló unas maravillosas cerámicas cuando nos casamos,  y, por supuesto, de Lucio Muñoz (1929-1998)  que se convertiría con los años en el mejor amigo de Salvador. Aquí tengo que incluir a Juan Genovés que viajaba de vez en cuando a París y se reunía sistemáticamente con sus amigos de la “Cité”, informándoles de manera exhaustiva de la situación política en España.  Me impresionaba el tesón de estos artistas. Admiraba su obra y entablé una profunda amistad con todos, una amistad que se truncó con la muerte de cuatro de ellos. Estos amigos de los años universitarios nos arroparon cuando Salvador decidió volver a España y gracias a su cariño me adapté en pocos meses a nuestra nueva vida en Madrid a partir de 1965.

Están todavía entre nosotros Doro, Edo y Joaquín Ramo, este último afincado en París, lugar que nunca abandonó. A los tres sigo viéndolos lo más a menudo posible. De la fraternal amistad que nos unió con la familia Muñoz-Avia tengo los testimonios escritos de Lucio, de Amalia y de su hijo Rodrigo. Lucio pronunció en el funeral de Salvador, el martes 27 de septiembre de 1994 en la parroquia de Carlos Fernández Ordóñez, unas palabras recogidas en el catálogo del Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora. Creo que estas palabras constituyen uno de los testimonios más auténticos sobre mi marido. En el mismo catálogo se publican unos recuerdos muy emotivos de Doro Balaguer, que me decía hace pocos días que su estancia en París con Salvador fue la época más feliz de su vida. Amalia Avia dejó constancia de nuestra amistad en su libro “De puertas adentro, Memorias”, y el último escrito de Rodrigo Muñoz Avia está publicado en el catálogo “Salvador Victoria, 1985-1994”, de la exposición celebrada en la Bodega Enate (Noviembre 2005-Enero 2006).

Pero Salvador tenía también en el Colegio de España compañeros de otras profesiones a quienes me presentó y que se convirtieron en grandes amigos: los músicos Armando Alfonso y Gerardo Gómez Casaís, el economista Eduardo Punset o el  simpático César Santos Fontela que sería unos años después el mejor crítico de cine de España. Realmente fue una gran suerte para mí el compartir tantas vivencias con unos amigos excepcionales.  

 

3. ¿Cuál es su primer recuerdo al cruzar la frontera y entrar en España por primera vez?

Mi primer recuerdo de España es tal vez el más nítido de todos. Recién casada con Salvador, salimos de París hacia España, cruzando la frontera en la estación de Canfranc, a principios del mes de agosto de 1958. Me pareció aterrador el control de las fuerzas del orden sobre los centenares de emigrantes españoles que viajaban en el mismo tren que nosotros, llegados desde Francia, Alemania, Bélgica, Holanda… para pasar las vacaciones con sus familiares.  No se me olvidó nunca la expresión de miedo y de impotencia que se dibujaba en sus rostros. En estos momentos comprendí lo que significaba la palabra “dictadura”.

Sin embargo, al llegar a Rubielos tras una noche y un día entero de viaje, el triste espectáculo de Canfranc pasó a un segundo plano. Me quede fascinada por la belleza del pueblo natal de Salvador, dormido en el tiempo, blanco y negro –no había escaparates, no había jardines ni plantas, la gente iba de negro y no veía colores por ninguna parte-, eso sí limpísimo, sin ninguna nota discordante. Me emocionó la acogida de la familia, de los miembros de la rondalla que vinieron a saludarnos delante de la casa de mis suegros, tocando una canción especialmente compuesta para nosotros, y de los rubielanos en general. Por supuesto, Rubielos ha cambiado muchísimo, ha crecido extramuros y ya tiene color. Pero el cariño que siento por esta villa sigue teniendo sus raíces en esta lejana estancia del verano de 1958.

 

4. ¿En los años sesenta, en la época de la inauguración del  Museo de Cuenca, los pintores de la abstracción lírica y los de la pintura gestual eran dos mundos separados?

En la segunda mitad de los sesenta coinciden y conviven en buena armonía en España artistas de muchos movimientos, además de la abstracción lírica o de la pintura gestual. En el catálogo de la exposición titulada “La poética de Cuenca, 40 años después” (Centro Cultural de la Villa, 25 noviembre 2004-16 enero 2005), Alfonso de la Torre evoca precisamente “este mundo de fraternidad pictórica entre artistas de muy diversas tendencias “. Efectivamente creo que en los años sesenta, no existían clanes o mundos separados entre estos artistas que, según recuerdo, se estimaban mutuamente. De hecho las inauguraciones eran lugar de encuentro de todos, con independencia de sus criterios estéticos.

Y, cuando el Museo ubicado en las Casas Colgadas de Cuenca abre sus puertas, reúne todas estas tendencias, desde Antonio Lorenzo a Eusebio Sempere, Gustavo Torner a Manolo Millares o desde Manuel Rivera a Antonio Saura, por citar algunos ejemplos,  bajo el término genérico de “Museo de Arte Abstracto Español”, se encuentra “fundamentalmente lo que no tiene que ver  con lo que se venía haciendo antes entre nosotros”, escribe Santos Amestoy en la revista Artes de septiembre 1969. En definitiva, el panorama de la creación plástica fue especialmente rico y abierto en estos años.

 

5. ¿Qué le ofrecía la enseñanza a Salvador Victoria, como para que le restase tanto tiempo en su labor creativa como artista?

Salvador llegó a la entonces Escuela de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid de la mano de su amigo Francisco Echauz, decano de la misma y bien decidido a promover la modernización de la enseñanza que se ofrecía en esa época. Dedicaba dos mañanas semanales a sus alumnos y la importante cantidad de obras que nos ha dejado, a pesar de su temprana muerte, da fe de que su labor de profesor no le restó demasiado tiempo a su actividad creativa.  Es más, creo que tuvo un contacto fresco y enriquecedor con los jóvenes estudiantes que veían en él más a un profesional que a un profesor a la antigua usanza. Salvador fue el primero, creo yo, en llevar a sus alumnos a ver exposiciones y visitar estudios de artistas.

Conservó toda su vida una gran amistad, amistad que ha tenido continuidad conmigo, con algunos de sus ex alumnos, como Oscar Alonso, crítico de arte y diseñador años después de la muerte de Salvador, del logotipo del Museo de Rubielos;  la pintora Vicky Brox, autora de la extraordinaria pintura de la bóveda que corona la escalera de dicho museo, o el escultor y profesor de la Facultad de Bellas Artes de Zaragoza en Teruel, Diego Arribas, actual director de nuestro museo.

El propio Diego escribía en el catálogo “Colección fundacional, Museo Salvador Victoria” de la exposición inaugurada en el Museo de Teruel el 5 de julio de 2000, lo siguiente:

“Quienes tuvimos el privilegio de cursar con él aquella materia (se refiere a “Elementos Básicos de la Plástica”), podemos dar fe del rigor y la planificación con los que Salvador organizaba sus clases. De la atención que dispensaba a cada uno de sus alumnos y alumnas y del buen ambiente de trabajo que reinaba en el aula… No era difícil entablar largas conversaciones con él acerca de cualquier tema, fuera artístico o no.”

 

6. ¿Cómo surgió la idea del museo Salvador Victoria en Rubielos de Mora?

Esta idea surgió tras un largo proceso cuyo origen fue la relación intelectual y amistosa que entablaron Ángel Gracia, ya alcalde de Rubielos de Mora, y Salvador durante nuestras cortas estancias veraniegas en la casa natal de mi marido en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado. Sería el verano de 1992 cuando Ángel preguntó a Salvador si estaría dispuesto a donar unas obras suyas a su pueblo. Con su habitual generosidad, Salvador contestó que sí y, a partir de este compromiso, ambos mantuvieron largas conversaciones hablando de esta futura donación. El alcalde propuso a Salvador la antigua Escuela infantil de Rubielos, en la que él y sus hermanos Ramón y José aprendieron a leer,  para exponer de forma permanente los cuadros que tendría a bien regalar a sus paisanos. Este edificio, obra del arquitecto Pablo Monguió Segura, le gustaba muchísimo a Salvador y también se mostró conforme con esta ubicación.

Las cosas eran así cuando murió Salvador, el 27 de junio de 1994: una voluntad firme de Ángel y de mi marido de llevar a cabo este proyecto, pero con todo en el aire. A Salvador, que estaba preparando varias exposiciones, no le dio tiempo de seleccionar los cuadros susceptibles de conformar esta colección y, por supuesto, no existía ningún documento escrito sobre la misma, a pesar del entusiasmo de ambas partes.

Por ello, cuando Ángel Gracia se desplazó a Madrid, unos meses después de la desaparición de Salvador, para preguntarme si estaba dispuesta a seguir con este proyecto, dije que sí sin dudarlo ni un minuto. A partir de este momento, intenté reunir, con la ayuda de Jesús Cámara, un conjunto de cuadros que, de forma coherente, dieran una idea, lo más fiel posible, de la trayectoria pictórica de Salvador. Esta llamada “Colección Fundacional” fue expuesta en el Museo Provincial de Teruel del 5 de julio al 3 de septiembre de 2000. El único aporte mío fue incluir en esta primera colección unas obras de amigos nuestros que teníamos en casa gracias a los clásicos intercambios de toda la vida entre artistas.

Otro cambio con relación al proyecto inicial hablado con Salvador fue el destino final de dicha colección, que no iba a ser la Escuela infantil sino el antiguo Hospital de Gracia de la Villa. Así lo decidió el alcalde de Rubielos al contemplar la importancia de la donación y considerar que merecía un edificio noble y de mayor tamaño. Por fin, después de una restauración modélica de este hermoso edificio cuya construcción se gestó en el año 1757,  restauración dirigida por Antonio Pérez, arquitecto de la Diputación de Teruel, el Museo Salvador Victoria se inauguró el día 22 de mayo de 2003, hace ahora más de diez años. En definitiva, creo que hemos cumplido con la voluntad de Salvador y, para mí, eso es lo más importante. 

Tengo que añadir que, durante el decenio 2003-2013, nuestra colección se ha ido completando y enriqueciendo gracias a las donaciones realizadas por artistas amigos de Salvador con motivo de sus exposiciones en nuestro museo.    

 

7. ¿Qué exposición recuerda con más cariño de las  realizadas en el Museo?

Sin duda todas y cada una de ellas. Es verdad que en estas exposiciones el reducidísimo equipo del Museo Salvador Victoria, bajo la batuta de su director, Diego Arribas, se está dejando la piel pero, de esta forma, intenta responder a la generosidad sin límite de los artistas o de sus herederos que ponen sus obras a nuestra disposición sin ningún tipo de contrapartida, sencillamente en recuerdo del afecto que tenían por Salvador. Puedo afirmar que las treinta exposiciones temporales que se han ofrecido al día de hoy en nuestro museo siguen siendo fruto del cariño y de la solidaridad que caracterizan la llamada Generación de los Cincuenta (los fifties).

 

8. En estos momentos carentes de recursos económicos ¿quién cree usted que debe arrimar el hombro para mantener el proyecto comenzado en Rubielos hace ya diez años?

En estos momentos de crisis, todas las ayudas, absolutamente todas, son indispensables para el mantenimiento de cualquier museo y, por supuesto, del Museo Salvador Victoria, procedan de donde procedan, sectores públicos o iniciativas privadas, sin olvidar las empresas locales. Puedo señalar que, el año pasado, una de ellas nos ofreció su colaboración, que naturalmente aceptamos con mucho entusiasmo. ¡Que cunda el ejemplo! Bienvenidos los patrocinadores.

 

9. ¿Qué proyectos se han preparado para 2014, fecha en el que se cumplen 20 años del fallecimiento de Salvador Victoria?

Sí, este año 2014 será muy intenso. En efecto, el Museo Salvador Victoria mantiene su programación normal: la sala de exposiciones temporales albergará este verano obras del escultor Oteiza y, para el otoño, preparamos una síntesis de todas las exposiciones realizadas  desde su apertura en el 2003. También ofreceremos los ya tradicionales conciertos de verano, una conferencia de Sonia Santos sobre la utilización por Salvador de materiales nuevos como el metacrilato, la publicación del “librico” nº 4 de la colección “Los Documentos del Museo”, dedicado a la poesía de Esperanza López Parada, con ilustraciones de su hermana Marcela, y las segundas “Jornadas de Museos de Arte Contemporáneo en el Medio Rural” o los cursos de verano de grabado en colaboración con la Universidad de Teruel.

Pero, además, nuestro Museo participa activamente en la preparación de una serie de actos que se articularán en torno a la figura de Salvador en el veinte aniversario de su muerte.

La manifestación más esperada es la inauguración, el miércoles 14 de mayo, de la exposición en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza de la colección que conforma la importante donación que he hecho a dicho museo: se trata de una exposición que cobra un carácter afectivo muy especial para mí, dada la estrecha relación de amistad que unía a Salvador y Pablo.

Evidentemente el museo de Rubielos de Mora no se queda atrás: presentaremos en abril, tras su paso por la Galería valenciana Rosalía Sender,  una exposición homenaje de catorce  artistas valencianos (Andreu Alfaro, Doro Balaguer, Vicente Castellano, Juanjo Estellés, Amadeo Gabino, Juan Genovés, Joaquín Michavila, Manolo Mompó, Monjalés, Nassio Bayarri, Salvador Soria, José María Yturralde,  Rosa Torres y José Vento) a su compañero de la Escuela Superior de Bellas Artes de San  Carlos. También el Instituto Salvador Victoria de Monreal del Campo (Teruel) está estudiando un proyecto con el mismo fin.        

Además  están previstos, entre otros actos en distintas regiones, homenajes tan entrañables como la exposición en el próximo mes de septiembre de obras de Salvador acompañadas por las de seis ex alumnos suyos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, hoy reconocidos artistas,  en la Fundación Amelia Moreno de  Quintanar de la Orden Toledo) o unos actos en la Galería Edurne de El Escorial (Madrid).

 

10. ¿Qué puede adelantarnos de la exposición que se realizará esta primavera en Zaragoza en el Museo Pablo Serrano?

Elegir unas obras determinadas, sea para una exposición, sea para una colección, es una tarea muy compleja y tengo que decir que la selección que he tenido que hacer para el IAACC Pablo Serrano me ha costado muchas horas de trabajo.

He intentado que esta colección tenga la mayor representatividad posible, tanto temporal, -las obras  donadas van desde 1965 hasta 1994, año de la muerte de Salvador-, como técnica, reúne pinturas, gouaches, collages, serigrafías, litografías y aguafuertes. Deseo de todo corazón haber conseguido este objetivo.

Por otra parte,  quiero subrayar las grandes dimensiones de varias de las pinturas: por ejemplo el tríptico de 1965 (131x90/131x76/131/90), y otras dos obras de 230 x 165 cm.

 

+UNA. Para finalizar, adjunte unas palabras a cada uno de los siguientes nombres o términos:

Patronato de museo

Con una presidenta de la talla intelectual y humana de Pilar Citoler y unos miembros tan valiosos como Javier Callizo, Director General del Patrimonio de Aragón, Alexia Sanz, vicerrectora del campus de Teruel, o Montserrat Martínez, ex-directora del Instituto de Estudios Turolenses, sin olvidarnos del alcalde de Rubielos de Mora, entre otros, es un Patronato de lujo que aporta ideas y estimula nuestros proyectos.

Ángel Gracia

Un gran amigo a cuya iniciativa y empeño debemos la existencia y el mantenimiento del Museo Salvador Victoria; existía entre mi marido y Ángel una especial empatía y nunca me ha faltado el apoyo de Ángel tras la desaparición de Salvador. Y también un gran alcalde que consiguió, el año pasado, la inclusión de Rubielos de Mora en la lista de los pueblos más bonitos de España. 

Museo Provincial de Teruel

Un Museo Provincial, sí, pero de proyección nacional y que bajo la dirección de Jaime de Vicente Redón, ex-director del Patrimonio de Aragón, lleva a cabo una intensa actividad a pesar de la crisis económica. Un Museo Arqueológico, sí, pero además muy conocido por sus exposiciones de arte contemporáneo. En fin, un Museo cuya ayuda al Museo rubielano ha sido, y sigue siendo, fundamental para su supervivencia. 

MNCARS

El Museo español de arte contemporáneo, en el que se conservan varias obras de Salvador. Consiguió incrementar notablemente el número de sus visitantes el año pasado, lo que prueba, entre otras cosas, que muchísimos españoles aprecian y necesitan cultura.

Juana Mordó

Para mí la mítica Juana Mordó sigue siendo  la acogedora galerista madrileña de Salvador a quién le gustaba hablar conmigo en francés, idioma que hablaba perfectamente pero con un inconfundible acento del este de Europa, la anfitriona de simpáticas cenas a base de espaguetis en su casa, una persona a quien se le perdonaba una cierta dosis de paternalismo teniendo en cuenta su generosidad.

Coleccionista

Una figura muy necesaria en el mundo del arte, si se entiende por coleccionista no un simple inversionista sino una persona que siente pasión por la creación. Evidentemente hay  pocos coleccionistas con una “C” mayúscula pero tengo la suerte de conocer a varios de ellos que tienen un infinito respeto tanto para el artista como para su obra. Sin sus donaciones, los fondos de nuestros museos quedarían muy pobres.

Francisco Echauz

Un gran artista al que no se le ha hecho justicia. Llevó todo el peso de la integración de la antigua Escuela de Bellas Artes de Madrid  en la Universidad Complutense. Fue el responsable según sus propias palabras (catálogo “Colección Fundacional Museo Salvador Victoria”, Museo de Teruel, 5 de julio – 3 de septiembre  de 2000) de la “tardía vocación por la docencia de Salvador”.  Y añade en el mismo texto:”Sé que él disfrutó mucho con esta actividad paralela en sus últimos años y dejó memoria indeleble en muchos alumnos que siguen recordándole con gran cariño”.  

Pilar Citoler

Una personalidad del mundo del arte que ha dedicado su vida a formar una prestigiosa colección internacional de pintura, escultura, obra sobre papel y fotografía: a la cabeza de la Fundación que lleva su nombre, y cuyo vice-presidente es Alfonso de la Torre, autor del exhaustivo texto de presentación del catálogo de la exposición del IAACC Pablo Serrano. Pilar Citoler está llevando a cabo múltiples actividades a favor del arte y de los artistas. La reciente cesión de parte de esta colección a Aragón es una gran noticia.

Además, para mí, es una generosa amiga que, a pesar de tantas obligaciones,  aceptó la presidencia del Patronato de la Fundación Museo Salvador Victoria. Le estoy enormemente agradecida.  

 

Museo Salvador Victoria

 

Entrevista realizada a Marie Claire Decay  por Javier Martín, en abril de 2014.

www.salvadorvictoria.com

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