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Entrega número 48
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GEOMÉTRICO TRIP SOUTH

GEOMÉTRICO TRIP SOUTH

 

geometrico trip south. josé Maria Baez. Pereñiguez

 

La geometría, surgida de la observación de la naturaleza y localizable en tantos registros a lo largo de los tiempos, se hizo aún más presente en la vida cotidiana de la sociedad a partir del siglo XX. La ordenación del territorio y el diseño de nuestras viviendas y ciudades, el mobiliario urbano y los enseres domésticos y de uso que nos rodean se nutren de principios y combinaciones geométricas. El arte no tardó en ser receptivo a esta situación. En el periodo de entreguerras de esa centuria la geometría (para Piet Mondrian, para Josef Albers, para Moholy-Nagy, para Pevsner, para Taeuber-Arp...), era un referente ideológico vital, un método para encauzar nuestra psique hacia un nuevo escenario emocional. La pintura y escultura de estos artistas, argumentada sobre manifiestos y programas metodológicos, pretendía incrementar nuestra percepción hacia un universo racional. Tras la Segunda guerra mundial pareció que esos anhelos eran abordables. La ciencia y la tecnología facilitaron el encuentro entre historia y evolución e hicieron asequible la convicción del progreso, como proclamaban las propuestas visuales de Max Bill, de Ellsworth Kelly o de tantos artistas latinoamericanos (y, entre ellos, el primer Hélio Oiticica aún aceptando su posterior deriva hacia lo precario y lo inestable). Después, en la década de los sesenta, el minimalismo fue el concepto artístico sobre el que se sustentó la teoría del despojamiento. En esta tendencia el arte geométrico, tecnológicamente objetivizado, se ofrecía como modelo nutriente. Su extremado ascetismo rechazaba todo atisbo retórico.

Hoy las cosas han cambiado y los parámetros vigentes hasta ahora parecen obsoletos. La realidad es impostada y se nos dice que formamos parte de una ficción. La forma de construir nuestro presente es parte de una representación; el futuro aparece desdibujado, al igual que las certezas. Todo queda tamizado por la idea de confusión y provisionalidad y cualquier arbitrariedad encuentra su argumentario. ¿Puede entonces la geometría seguir siendo una opción útil en el arte? ¿Puede explicar nuestro mundo, su incertidumbre? ¿Puede reflejar la corrupción del lenguaje y las mixtificaciones políticas de la realidad? ¿Cómo podemos, sin renunciar a la condición heroica, diáfana y ejemplar de la geometría, documentar y narrar nuestro presente?

 

Geometry, born from observing nature and found in so many registers throughout the ages, gained more presence in society from the XXth century on. Land-use and urban planning, the design of our housing and cities, street furniture and household items that surround us are nurtured by geometrical principles and combinations. Art was quickly receptive to this situation. In the period between the wars in the last century, geometry (for Piet Mondrian, Josep Albers, Moholy-Nagy, Pevsner, Taeuber-Arp.....) was a vital ideological reference, a method to guide our psyche towards a new emotional  scene. The painting and sculpture of these artists, argued in manifests and methodological programmes, were intended to expand our perception towards a rational universe. After the Second World War it seemed that these aspirations could be fulfilled. Science and technology eased the meeting of history and evolution and the conviction of progress was within reach, as demonstrated by the visual proposals of Max Bill, Ellsworth Kelly or so many Latin American artists (among them the early Hélio Oiticica, even accepting his subsequent  drift to the precarious and the unstable). Later, in the sixties, minimalism was the artistic concept which sustained the theory of stripping away. Geometrical art, technologically objectified, provided the nutrient model for this trend. Its extreme asceticism rejected any inkling of rhetoric.

Today things have changed and the parameters valid till now seem obsolete. Reality is disguised and we are told that we are part of a fiction. The way of constructing our present is part of a representation; our future is blurred, together with certainties. Confusion and provisionality filter everything and any arbitrariness can find a set of arguments. Can geometry continue to be a useful option in art? Can it explain our world, our uncertainty? Can it reflect the corruption of language and the political adulteration of reality? How can we document and narrate our present without renouncing the heroic, transparent and exemplary spirit of geometry?

Texto cortesía José María Baez

 

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